domingo, 19 de mayo de 2013

La odisea de Salman Rushdie.

Basta, Dios, y su muda indignación exigía respuesta. ¿Por qué he de morir, si yo no he matado? ¿Tú eres venganza o eres amor? El furor le ayudó a pasar otro día, pero luego se disipó y en su lugar quedó un terrible vacío, una infinita soledad, al darse cuenta de que hablaba al aire, que allí no había absolutamente nadie, y entonces se sintió más ridículo que nunca en la vida, y empezó a suplicar al vacío, oh Alá, sólo te pido que existas, maldición, sólo que existas. Pero no sentía nada, nada, nada, y un día descubrió que ya no necesitaba sentir algo. Aquel día de metamorfosis, la enfermedad hizo crisis y la curación empezó. Y, para demostrarse a sí mismo la no existencia de Dios, ahora estaba en el comedor del más famoso hotel de la ciudad, dejando que los cerdos le resbalaran por la cara.

Al levantar la mirada del plato, vio a una mujer que le miraba. Su cabello, de tan rubio, era casi blanco y su cutis tenía la tonalidad y el resplandor del hielo de la montaña. Ella se rió de él y le volvió la espalda.
«¿No me entiendes? —gritó él, lanzando fragmentos de salchicha por la boca—. No me ha caído un rayo del cielo. Ésta es la cuestión.»
Ella volvió atrás y se paró delante de él. «Vives —le dijo—. Vuelves a tener la vida ante ti.»

                                                                                        Salman Rushdie, Los versos satánicos.



Jomeini, autor intelectual del asesinato de varios traductores
No sé si el texto que encabeza esta entrada fue lo que provocó la fatwa de Jomeini contra Salman Rushdie.  A decir verdad,  dudo mucho que el clérigo iraní leyera el libro.  El 14 de febrero de 1989, el líder de la "revolución" islámica, leyó la condena a muerte del escritor angloindio en Radio Teherán, acusándolo de blasfemar contra el Islam y de apostasía, que está castigada con la muerte.  El 24 de febrero, una organización religiosa iraní ofreció una recompensa de 3 millones de dólares por la muerte del escritor.

Rushdie ha publicado unas memorias en tercera persona, Joseph Anton.  El título lleva el nombre falso que eligió al verse obligado a vivir escondido durante más de 10 años, nombre que tomó de Joseph Conrad y Antón Chéjov , dos de sus escritores favoritos.  En este último libro, narra las penurias por las que se vio obligado a pasar debido a la fatwa.  Sus páginas destilan resentimiento, y todo el libro es un ajuste de cuentas en toda regla contra aquellos que, de una manera u otra, contribuyeron, apoyaron tácitamente la fatwa o se aprovecharon de su situación.

Para los relativistas, Salman Rushdie debía pedir perdón por haber escrito y publicado una novela.  Ahí entran John LeCarré y Roald Dahl, por ejemplo.  El traductor japonés de la obra fue asesinado por un musulmán en Tokio.  El traductor italiano fue apaleado y apuñalado en Milán.  El editor noruego de la novela fue tiroteado y herido gravemente en su propia casa. Manifestantes islámicos en Turquía prendieron fuego a un hotel en el que se alojaba el traductor de la novela al turco, provocando la muerte de 37 personas.  Bombas en editoriales y amenazas de todo tipo, se sucedían sin cesar.  Clérigos musulmanes de nacionalidad británica se pasaban el día entero denunciando a Rushdie públicamente y pidiendo su ejecución entre viaje y viaje a Pakistán pagado por el gobierno pakistaní. Disturbios fomentados por los clérigos en el Reino Unido se hicieron peligrosamente frecuentes. Allá donde fuera el escritor un fanático religioso sediento de sangre amenazaba con poner una bomba.  Todo este rastro de sangre no fue debido a una novela.  Fue debido a la religión.

Rushdie se vio en una situacion complicada.  Incomprensiblemente, y salvo honrosas excepciones que refleja Joseph Anton, occidente parecía estar dando la espalda al escritor.  El presidente iraní, Alí Jamenei, insinuó que si Rushdie se disculpaba, "es posible que ese miserable pueda salvarse".  El gobierno británico entregó a Rushdie un texto para ser firmado y modificado si así lo creía el escritor - no demasiado modificado, no se fuera a ofender algún criminal fanático -, en el que debía pedir perdón a los "musulmanes sinceros", sea lo que sea eso.  Ese perdón no era exactamente optativo: la seguridad proporcionada por el gobierno dependía de las disculpas, a pesar de que era el propio Rushdie quien tenía que localizar casas vacías de amigos donde refugiarse.  Los tabloides ingleses se quejaban a diario del dinero que costaba a las arcas públicas la protección del escritor.  Se quejaban de que era feo y se casó con una mujer bella.  Se quejaban de que la mujer bella vivía a costa de los británicos aunque era absolutamente falso.  Laboristas y conservadores empezaban a verle como un estorbo.

El texto no sirvió de nada.  Jomeini dijo que aunque Rushdie se transformara en el musulmán más devoto del mundo, todo musulmán que se precie debería enviarle al infierno.  La recompensa por su muerte fue duplicada varias veces.  El escritor intentó otras tantas inculparse de alguna manera tibia, algo de lo que se arrepiente profundamente hoy, pues ni es creyente ni respeta religión alguna.  ¿Qué harías si estuvieras en el punto de mira de miles de personas y todo el mundo te diera la espalda?

La novela era ya un bestseller mundial. A pesar de las buenas palabras de los editores y de las promesas, nadie en Estados Unidos se atrevía a publicar la novela en rústica.   El miedo reinaba entre los editores.  Stephen King, que no conocía al escritor angloindio de nada, amenazó con retirar sus millonarios libros de las librerías norteamericanas si se vetaba la publicación de Los versos satánicos.  Finalmente, una edición en tapa blanda, publicada casi en forma de cooperativa, visiblemente antiestética, como señala el propio escritor,  vio la luz, después de una larga y desesperante odisea.  Un verdadero triunfo de la libertad de expresión y una satisfacción para Rushdie, como podemos ver en la fotografía.

La fatwa de Jomeini sigue vigente. Eso es debido a que sólo el propio Jomeini puede eliminarla, y da la casualidad de que está muerto.   El gobierno iraní se comprometió públicamente a no hacerla efectiva, pero si uno lee Joseph Anton no tarda en darse cuenta de que las palabras del gobierno iraní no valen absolutamente nada.  Alí Jamenei había pasado indistintamente de pedir que el gobierno británico entregara al escritor a los musulmanes de la isla para que lo ejecutaran, a plantearse no asesinarle si se arrepentía públicamente.  En cualquier momento, Mahmud Ahmadineyad podría hacer revivir la mal llamada controversia.

Salman Rushdie abandonó la clandestinidad en 2001, el año de los atentados contra las Torres Gemelas.  Sigue en el punto de mira de muchos fanáticos, pero ya no se esconde.  Su novela es un clásico de la literatura mundial.  Jomeini está muerto, Los versos satánicos, no, y probablemente la novela verá el entierro de Ahmadineyad.  Los relativistas hoy, harían exactamente lo mismo, o quizá serían incluso más vehementes en su condena a la novela, como en su día hicieron John LeCarré (personaje que protagonizó un bochornoso espectáculo al tachar al angloindio de "colonialista" por oponerse a la ablación del clítoris )o Roald Dahl.









domingo, 5 de mayo de 2013

El General Ludd no pasó por Bangladesh.

El ludismo surgió durante la Revolución Industrial en Inglaterra.  Generalmente, se asocia al movimiento como contrario a la industrialización y al uso de máquinas.  Con la llegada de las industrias textiles, los artesanos vieron como les resultaba totalmente imposible competir con los grandes empresarios que producían más a muy bajo coste.  Su "activismo" consistía  en sabotear la industria o amenazar a los empresarios para que se largaran de la ciudad  o hicieran desaparecer sus máquinas antes de que ellos las encontraran.  Pocas veces encontraremos un texto en el que podamos leer que el ludismo buscaba en algunas ocasiones, simplemente una política de precios que no provocara la ruina de miles de artesanos.  De hecho, hay pruebas de que algunos empresarios textiles que no reventaban los precios y eran menos proclives a la explotación laboral, no eran objetivo del ludismo, y eran respetados por el movimiento, como podemos leer en la obra "La formación de la clase obrera en Inglaterra" de E.P. Thompson.

El general Ludd es un personaje ficticio. Los luditas firmaban sus amenazantes misivas a los señores industriales con ese y otros pintorescos nombres, como Mr. Pistol o General Justice.  Hay leyendas urbanas sobre la historia de Ned Ludd, en la que se cuenta que era un obrero textil que un buen día se hartó de su trabajo y destrozó el telar industrial en el que se ganaba la vida. 

Es cierto que los trabajadores de la industria textil durante la Revolución Industrial cobraban más que un trabajador agrícola.  Su nivel económico subió gracias a la industria.  Lo que los seguidores de Hayek no quieren ver son las condiciones en las que ese "alto" nivel económico se desenvolvió.  Jornadas extenuantes, viviendas infrahumanas alrededor de las factorías, trabajo infantil, negreros vigilando fusta en mano, poco tiempo para disfrutar de ese pretendido nivel económico.  Los trabajadores eran despedidos después de toda una vida ( 40 años ) dedicados a la industria textil, pues eran inútiles para seguir el ritmo, debido a la insalubridad de sus puestos de trabajo que provocaba terribles enfermedades.  Las comisiones parlamentarias que trataron de arrojar luz sobre las condiciones de los puestos de trabajo fueron habílmente engañadas en el mejor de los casos, y en el peor, los inspectores eran los mismos que disfrutaban a todo trapo de la Revolución Industrial.   Es parecido al panorama que vemos hoy en Bangladesh, y que ha dado lugar a artículos de opinión de pijo occidental que ha provocado malestar en las redes sociales estos días.

Dicho esto, antes de que alguno me mande a los perros de presa, el ludismo era una mierda.  En lugar de luchar para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores textiles, en su mayor parte el ludismo iba encaminado a mantener los privilegios de los artesanos.  La prohibición de las Trade Unions o cualquier forma de organización de los trabajadores, que no fueron legales hasta 1871 nada menos, no ayudaba mucho tampoco.  Pero la tecnología no es el enemigo.  La tecnología es más bien inocua, todo depende de como se utilice. 

El neoludismo es otra cosa, eso sí.  Es aún más imbécil.


Unabomber, la prueba viviente de lo bueno que es prescindir de la tecnología.


Unabomber era un hombre muy inteligente, un superdotado, de hecho.  Tuvo la oportunidad de desarrollar una vida académica brillante.  Estudio una carrera universitaria, su familia vivía relativamente bien.  El señor Kaczynski no tenía muchos motivos para matar a nadie, y aún así lo hizo, advirtiendo al mundo de lo terrible que es la tecnología, como si las bombas que mandaba a la gente hubieran sido fabricadas con apios y flores del campo. 

Kaczynski vivía en una sucia cabaña maloliente en las montañas como un mendigo.  No como le hubiera gusado a él, probablemente, como un hombre primitivo en armonía con la naturaleza.  Vivía como un vagabundo, sucio, andrajoso, pasando frío y miserias y retornando al futuro para hacer bombas.  Y lo hacía por voluntad propia, sin opresión capitalista alguna.  Es más, si alguien precisamente nunca había sufrido la opresión de la industria, era él.

Hoy, el neoludismo es cosa de pijos occidentales.  Desde el extremismo de Unabomber, o el paradójico pseudomovimiento neoludita mexicano que se anuncia en internet, vivir para ver, hasta el conspiracionismo anti antenas, los parecidos con el ludismo de la Revolución Industrial son escasos.  Considero ambos muy negativos, pero el que vivimos en la actualidad es evidentemente mucho más imbécil, más descerebrado, y responde mejor al tópico más o menos imaginario del primer ludismo: paletos atacando tecnología.  Si vives en occidente y tienes acceso a internet y vas a la universidad, pero te conviertes en neoludita, eres un paleto, sí.


Unabomber hoy es un icono popular.  Hay una marca comercial de monopatines con su nombre, grupos musicales con su nombre, camisetas, etcétera.  Un poco delirante que se venda por internet merchandising de un asesino anarcoprimitivista, pero, eso sí, en lugar de ser visto como un luchador contra la opresión del sistema, hoy está donde tiene que estar: al lado del merchandising de Charles Manson y otros psicópatas criminales.

Cuando veo lo que está pasando en Bangladesh, me pregunto si realmente somos así de imbéciles.  Me pregunto si es necesario que un país que se está industrializando, tenga que someter a sus trabajadores a las mismas condiciones laborales que los obreros textiles ingleses del siglo XIX, o incluso mucho peores.  Pero en lugar de ponernos a despotricar sobre el terrible progreso y lo malas que son las máquinas, como si una máquina supiera distinguir entre el bien y el mal, más valdría que todos lucháramos para que las personas que hoy en Bangladesh sufren abusos patronales, trabajen en condiciones dignas, con seguridad, con sueldos decentes, en lugares limpios que no amenacen derrumbarse en cualquier momento, con jornadas laborales normales.  Es lo que hacen, si bien tímidamente, los sindicatos.  Pero no, es mejor ponerse a quemar cosas.  O sacar pecho y ponerse medallas porque ahora los trabajadores de Bangladesh pueden elegir entre morir de hambre o arriesgarse a morir por un derrumbe o un incendio.  Sonroja leer opiniones a uno y otro lado.  Como si las únicas soluciones fueran volver al cultivo de arroz que nunca fue capaz de acabar con la pobreza, o caer en las garras de la semiesclavitud industrial. 

En fin.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Lunáticos del Primero de Mayo

Hoy, Primero de Mayo, he acudido a la manifestación en Madrid. Como hay información sobre la manifestación en las redes sociales y en los lamentables medios de comunicación del país, no voy a decir sobre la convocatoria más que que es vergonzoso que mientras a los trabajadores nos están lloviendo piedras, y con más de 6 millones de parados, la participación ha sido baja.  Pero la gente sabrá cuando quiere tocarse la entrepierna a dos manos. 

Bien. A lo que voy.

Me he topado con integrantes del movimiento Investigar11s en muchas manifestaciones.  Es más, la última vez que fui al Rastro, allí estaba un lunático disfrazado vociferando a los transeúntes, pancarta en mano, e insultando a quien se mostrara abiertamente contrario a sus ideas.  Es siempre el mismo, un tipo de nariz aguileña, delgado, con un traje negro y un ojo enorme encima de la cabeza, que responde al nombre de Greg Grisham, presidente de la organización.  Hoy, el mismo tipo iba acompañado de otras tres o cuatro personas a punto de experimentar un éxtasis que ríete tú de Santa Teresa, que le seguían como patitos tras mamá pato.

Se han situado al lado del escenario donde los líderes sindicales iban a dar sus discursos.  Allí han vociferado histéricamente, y tal vez su desplazamiento hacia el lado de la Puerta del Sol donde estaba yo, fuera debido a que algún manifestante les increpó por no dejar escuchar lo que se estaban diciendo en el escenario.  Así, han empezado un paseo, comandado por Greg Grisham, por toda la plaza.

Uno acude a una manifestación en un día tan señalado, y entiende que la situación por la que atraviesa España es delicada, y la de los trabajadores pende de un hilo.  Pero resulta que a los señores de Investigar11s, no les parece bien.  Han dado vueltas y más vueltas por toda la plaza, insultando a los manifestantes.  Sí, insultándolos. Insultándome.  En la oreja, gritándome histéricamente, mugiendo en mis tímpanos.  "Tontos útiles" decían a gritos de una histerismo fanático que han hecho daño en la garganta a uno de ellos cuando pasaba por mi derecha balando.  

No voy a entrar a analizar sus teorías delirantes, su antisemitismo, su negacionismo del Holocausto, ni a sus gurús intelectualoides como el fascista homófobo y antiabortista Alex Jones, el peligroso imbécil Rafapal, misógino antiabortista y homófobo también, y el mamarracho promotor de la subnormalidad reptiliana David Icke.  Podemos conocer su idiocia visitando sus páginas mónguer.

Pero al margen de su podredumbre intelectual, esta gente impresentable simplemente buscaba llamar la atención esta mediodía en la Puerta del Sol, dado que nunca tienen tanta posible audiencia como el día de hoy, con miles de personas reunidas.  Por eso también acuden a defecar estupideces y a gritar a lugares tan concurridos como El Rastro madrileño.  Hoy, algunos les han increpado por no poder escuchar lo que decían en el escenario, lo que ha propiciado insultos hacia los sindicatos, hacia los sindicalistas, y hacia todos los que allí estábamos.  Tengo que decirlo: si no se llegan a apartar de mi lado, quizá la poquita paciencia que me queda para estas tonterías, se habría acabado.  Pero hay que contenerse, pues si para su desgracia se vuelven a su casa con tres o cuatro dientes menos y algún serio problema ocular o nasal, me acusarían de estar a sueldo del Mossad.  Ah, sí, también querían que alguien les comprara alguna de sus camisetas de puta mierda.  Que sacar pasta no sea patrimonio exclusivo de quienes trabajan. Que haber insultado a miles de personas no sea obstáculo para intentar sacarle dinero a esas mismas miles de personas.

 Mi camiseta de Lynyrd Skynyrd mola más, amigos de la tontuna.

Lo mejor que puedo decir de ellos es que eran una cuadrilla de dementes que han visto que la gran mayoría de los manifestantes son gente tolerante que ha tenido un respeto por su avanzado estado de retardo, y algo de lástima al comprobar que los recortes en sanidad han dado para que dejen de tomar su medicación.

Creo que no he visto desde hace años gente tan profundamente fanatizada pidiendo un linchamiento o una paliza a gritos, sinceramente. 

En fin.  Espero que en un futuro, se monten sus propias subnormalidades al lado de biodanzantes, homeópatas, y otros estafadores histéricos.  Eso sí, deberían saber que lo que reivindicamos en las manifestaciones, también es por ellos. 

domingo, 28 de abril de 2013

Escupe a la cajera del supermercado.



Cuando tenía poco más de 16 años, existía una repugnante leyenda urbana en mi barrio sobre las cajeras de los supermercados Día.  Al parecer las cajeras eran feas y tenían mala leche debido a que eran contratadas gracias a algún programa de inserción social de ex presidiarias.  Este repugnante clasismo y machismo siempre me chocó.  Nunca creí que aquella leyenda urbana tuviera un ápice de realidad, pero en cualquier caso, trabajar en un supermercado Día cobrando el salario mínimo da para ponerse de mal humor constantemente.  Recuerdo una profesora de instituto que se jactaba de que había visto a una ex alumna que sacaba malas notas de cajera en Simago. 

Con el tiempo he visto que ese prejuicio no ha cambiado ni lo más mínimo.  En todo caso, se ha sofisticado.  Sin ir más lejos, me he encontrado esto en La Información:

Léase fracaso.



El artículo habla de la Formación Profesional, y de como puede ayudar a salvar la famosa "generación perdida" que nos va a dejar la terrorífica crisis económica en la que llevamos viviendo 5 años.  El exceso de cualificación es un lastre, al parecer, que te lleva a hacer algo tan humillante como trabajar para vivir. Es un drama que una persona no vea una salida laboral acorde con su cualificación, obviamente.  Es uno de los cientos de artículos que podemos leer en docenas de medios sobre lo bien que funciona todo lejos de España y lo bonito que es Disneylandia, donde las fuentes dan Coca-cola en lugar de agua y donde las gominolas son mucho mejores que aquí.  El efecto "españoles por el mundo: llegué desnudo y sin dinero a Alemania y hoy soy el alcalde de Berlín".

Lo que me llama la atención es la fotografía.  Ignoro si le han pedido permiso a la chica para publicar su imagen.  En cualquier caso, el mensaje es: ser cajera de supermercado es un fracaso en la vida.  El pie de foto alude a esa "generación perdida".  Ser cajera de supermercado es un "riesgo".  

Como cuenta Owen Jones en Chavs: la demonización de la clase obrera, hoy las clases trabajadoras no son como eran.  Tienen - tenemos - trabajos como los de la fotografía.  Pero, al igual que en Inglaterra, aunque salvando las distancias y la virulencia de los tabloides ingleses, se señala según qué trabajos como algo negativo.  Y a quienes lo ejercen, como fracasados a los que es bueno y divertido humillar en los medios.  Como la leyenda urbana de las cajeras de los supermercados Día.  Como una especie de clasismo de la Revolución Industrial modernizado.  

Se me ocurre que no sabemos si la chica tiene estudios o no.  También se me ocurre que si la Formación Profesional funciona o no, todos vamos a ser atendidos casi a diario por una persona como la de la fotografía.   Y se me ocurre que si bien es cierto que tal vez la FP pueda servir para aliviar el paro juvenil, también lo es que la persona de la foto y los cientos de personas como ella deberían trabajar en condiciones laborales decentes y con sueldos dignos que les permitan vivir.  Pero claro, para eso habría que recuperar la lucha sindical casi perdida, y eso son cosas de rojos de mierda.

También se me ocurre que la foto es tan inadecuada como prejuiciosa y prescindible.  No aporta una mierda al artículo, joder.

También sé que a nadie le importa una puta mierda esto, y muchos miran con desdén a la cajera o cajero del supermercado.   Es sentirse bien por ver a otro presuntamente peor que tú.  Muy bonito todo.

domingo, 21 de abril de 2013

Buen sacerdote, peor persona

Si 45.000 personas se manifestaran en contra de que los negros tengan derecho a trabajar, nadie dudaría que esas 45.000 personas dejan mucho que desear como tales.  En cambio, cuando 45.000 personas se manifiestan para que los homosexuales no puedan contraer matrimonio, simplemente es una opinión más.

Bien, pues eso ha ocurrido en Francia.  En la caverna ultracatólica española están que muerden por la detención de un párroco en una manifestación homófoba.  Un amigo dijo el otro día en Facebook que personas que se manifiestan en contra de los derechos de otros, son malas personas.  Estoy de acuerdo, manifestarse para que otro no tenga los mismos derechos que tú es de malas personas.  La persona del video de abajo, es una persona nefasta, aunque ahora matizaré las cagadas de La Gaceta.

Lejos de ser una hermanita de la caridad, el Padre Xavier Beauvais que sale en el video es, dentro de su organización extremista, un extremista católico de los que quieren que la misa se haga en latín, no vaya a ser que alguno entienda realmente que el mensaje del catolicismo es discriminatorio y atroz.  Lejos está de mi intención justificar la violencia policial, pero en el video en el que se puede ver la detención de un sacerdote ( recordad esta matización), parece como si alguien estuviera tocándole las narices a la poli. Las cosas como son: Beauvais no es un cura moderado, es un señor que deja mucho que desear, un "tradicionalista" seguidor de las doctrinas medievales de Marcel Lefebvre, un vulgar fascista.  Por supuesto, esto explica que no le haga ascos a codearse con los violentos militantes del partido de Le Pen.  Sí, es un tipo de moral bastante discutible, como podemos ver aquí.


Los policías franceses, en lo que a mí respecta, han detenido a una persona profundamente antidemocrática y antisistema.  No me da ninguna pena, la verdad.  El problema es que según Intereconomía y según quien colgó el video, es el padrecito Xavier Beauvais quien es reducido.  Error, amigos de la histeria católica.  Xavier Beauvais es el cura gordo que se ve al principio del video junto al provocador que limpia los escudos de los policías.  En la foto:
Xavier Beauvais, buen sacerdote, peor persona.


De nada, señores de La Gaceta, den gracias a la profesionalidad del autor de la presente entrada que no tiene estudios.

Ah, sí, que se me olvida: aquí podemos escuchar la misa que Xavier Beauvais dio en honor a Francisco Franco.  Que se os olvidó comentarlo.