domingo 8 de noviembre de 2009

SALARIO MÍNIMO.

El cementerio de elefantes. Prácticamente no había semana que no cascara algún viejo, lo que no parecía afectar a nadie. Aquella mañana, el de la 116 se cagó encima como todas las mañanas y me tocó limpiarle el culo.

- Es humillante que me tengas que limpiar el culo - dijo.

- Alguien tiene que hacerlo.

El viejo era todo costillas y pupas reventonas de una diversidad de colores inaudita. No se podía mover de cintura para abajo desde hacía cuatro años. Se pasaba el día entero mirando la televisión.

- Ya ni tan siquiera se me pone dura - dijo.

- Es la edad, hombre.

- No es la edad, coño. Es que aquí no hay nada que me estimule.

- No me extraña.

- Podrías ayudarme. Te pagaré.

- Hostia, no me joda.

- No seas maricón. Te pago para que me traigas una mujer. Una mujer joven.

Conocía a una puta escultural. Acordé el precio con el viejo. En casa, me costó decidir si la llamaba o no. ¿Y si el abuelo se muere con ella encima? Además, existía la posibilidad de que algún compañero o compañera entrara en la habitación en cualquier momento y pillara a la puta practicando gerontofilia.

- ¡No es lo que parece!

- Bájese del caballo, golfa.

Cien euros era todo lo que el yayo podía ofrecer. ¿Y si hacía pasar a la puta por su sobrina, o su nieta, o su sobrina-nieta? ¿O por la señora de la limpieza? Entonces recordé que mi ex se disfrazó en carnaval de monja. El traje que usó aún estaba en mi armario. Cogí el teléfono y llamé a mi amiga.

- Y una mierda me voy a disfrazar de monja, pervertido. - dijo.

En mi cabeza no cabía la posibilidad de una puta beata, pero no insistí mucho. Meses atrás, ella me chupó la polla y no vi ningún símbolo religioso adornando su cuerpo. Aunque con aquellas tetas, un crucifijo en el canalillo me habría pasado desapercibido con total seguridad.

Contemplé pensativo el traje colgado en el armario, como el traje de Batman en la bat-cueva. Alfred, prepara un traje y el batmóvil. ¿Y Robin, Alfred? Llámale, tengo ganas de fiesta.

La luz me deslumbró desde el interior del armario. El olor a ambientador penetró en mi nariz, que, por suerte, no tenía polillas dentro. Epifanía.

Bien afeitadito. Tenía que dar el pego. Cien euros son cien euros, qué coño.

Además, el viejo estaba impoluto. Yo mismo le limpiaba las pelotas.

Daba igual si las limpiaba con agua o con saliva.

sábado 24 de octubre de 2009

EL SANTO CIPOTE DE RASPUTÍN


Grigori Yefímovich Rasputin era un tarado. Un tarado de mirada perdida que hoy por hoy sólo valdría para salir diciendo tonterías en un programa de Javier Sardá.

Al parecer, Rasputín pertenecía a una secta llamada khlysty o flagelantes. El término khlysty lo he sacado de la wikipedia, pero en la traducción de la biografía de Rasputín escrita por Edvard Radzinsky se utiliza el término jlisti.

Los jlisti creían que el dolor era el camino para la fe. Los jlisti se lo pasaban muy bien haciendo fiestas y orgías, y el bueno de Rasputín, que según la leyenda tenía el cipote como la manga de un abrigo, se sentía cómodo en esa secta que había sido excomulgada por la iglesia ortodoxa.

La zarina Alejandra, que debía ser tonta del culo, le llamó para que curara a su hijo pequeño de hemofilia mediante hipnosis. Cuenta la credulidad que así lo hizo, y de este modo Rasputín comenzó a forjar su leyenda.

Como Alejadra tenía ascendencia alemana, con la llegada de la Primera Guerra Mundial, el zar se fue a partirse la cara por ahí, y los opositores comenzaron a soltar sus lenguas, desde la santa madre Rusia, convirtiendo la relación entre el clérigo loco y la zarina en objeto de las mas variadas habladurías. Que si el clérigo tenía una influencia nefasta en la zarina, que si la zarina era sodomizada mientras su marido se partía la cara en el frente, y esas cosillas. Claro que, si la zarina hubiera sido rusa de pura raza, a nadie se le hubiera ocurrido tener tanta mala leche y comportarse como un español cualquiera.

A Rasputín le pusieron un pisito en San Petersburgo. En las fotos de la época, se le puede ver rodeado de docenas de mujeres, como apóstoles dúctiles y tal vez ansiosos por contemplar el colosal y legendario badajo que poseía.

Y luego llegó el principe Yusúpov y el primo del zar, el gran duque Demétrio Románov, y se cargaron al curilla. En primer lugar, intentaron envenenarlo con pasteles, pero la torpeza de los conspiradores hizo que el veneno fallara, por lo que tuvieron que liarse a tiros con él, envolverlo en una manta y arrojarlo al río Neva. La autopsia reveló que Grigori Yefimovich Rasputín murió ahogado. Ya ves, tanta aristocracia y tanta inutilidad juntas.

El caso es, que Rasputín murió de forma muy jodida. El caso es que se rodeaba de apóstoles - femeninas, eso sí - , y el caso es que nadie le tragaba, y el caso es que hubo una conspiración para acabar con él.

Era un hombre santo. Santísimo. Un hereje de la iglesia ortodoxa que empezó su locura al contemplar cómo la mismísima Virgen se le aparecía cuando aún no era un hereje.

Como el mismísimo Jesucristo, aunque Grigori murió con 47 años. Y, como el mismísimo Jesucristo, sus reliquias son conservadas y expuestas al público.

Jesucristo, que tiene desperdigados por el mundo cientos de miles de trozos de la cruz donde murió, unos cuantos santos prepucios, y hasta santos pañales que la virgen María guardó debidamente sucios bastante cochinamente, necesita de la credulidad de los fieles para ser tenido en cuenta.

Pues bien, Rasputín no podía ser menos.

En San Petersburgo, el urólogo Igor Kniazkin tiene un museo erótico en su propia clínica. En ella, se puede ver lo que, al parecer, es el pene de Rasputín debidamente conservado en un frasco lleno de formol. Y, como no podía ser de otra manera, el pene hace milagros: se dice que mirar el colosal miembro cura la impotencia.

Ni que decir tiene que las posibilidades de que la tranca de marras perteneciera al monje son poco menos que inexistentes.

Como Cristo.

Santo Cipote el de Rasputín.


domingo 18 de octubre de 2009

UN MILLÓN DE NO-ABORTOS



Esta mañana, he visto algunas pancartas de una obscenidad sin precedentes. En ellas, se decía:

"PAREMOS EL HOLOCAUSTO DEL SIGLO XXI".

En otra, pequeñita, he podido leer ( precedido de una frase ilegible en la fotografía) :

"GENOCIDIO".

Indiscutiblemente, si alguien en el planeta Tierra sabe algo sobre genocidios, ese debe ser un líder religioso.

Dicen que un millón - tal vez veinte o treinta millones, vaya usted a saber - de personas, se manifestaron ayer en Madrid contra el aborto. Políticos divorciados, monjas que jamás sabrán qué es tener un hijo, y sacerdotes que nunca la han metido en caliente, acudieron al evento. Por supuesto, todos ellos se apropiaron de la bandera de España, pues ya se sabe que los repugnantes ateos como el que ésto escribe, ni son españoles, ni decentes, ni nada de nada.

A los asistentes a la fiesta sin condón parece importarles tres cojones que los asesinados durante el Holocausto tuvieran recuerdos, antes de ser eliminados de una forma cruel por señores perfectamente conscientes del sufrimiento que causaban. Parece importarles tres cojones que las víctimas del Holocausto poseyeran un organismo con el que podían sentir dolor, sufrimiento, pánico, humillación, hambre, frío, pena y todos y cada uno de los sentimientos habituales en un ser humano. Todavía estoy esperando que alguien me demuestre que un feto tiene algo así. Aunque, si hacemos caso a las ideas predominantes entre los asistentes a la manifestación, hasta un espermatozoide debería ser tenido en cuenta en lo que a derecho a la vida se refiere. Claro que no se han preguntado cuantos espermatozoides no llegan a fecundar el óvulo durante el acto sexual, no digamos ya la cantidad de espermatozoides que desperdicio yo mismo en mis ratos de asueto.

No, no llevo gafas, señores manifestantes.

Mi opinión acerca del aborto no es relevante, aunque si me preguntan, estoy totalmente a favor. Luego podremos sentarnos a discutir días enteros sobre plazos, circunstancias, etcétera. Pero, a diferencia de la mayoría de ese millón de personas que ayer atestaban el centro de Madrid, mi opinión al respecto está basada en la razón.

No digo que yo tenga la razón. Digo que he usado la razón para llegar a ciertas conclusiones. Y es que, fe y razón, no son compatibles: el que sabe, no puede creer, y el que cree, no puede saber. Si la opinión de un millón de personas está basada en la fe, esa opinión debería ser prescindible.

Así de claro.




domingo 11 de octubre de 2009

EL PASADO NACIONAL(SOCIALISTA)

Democracia Nacional es un partido de ultraderecha. Si uno visita su delirante página web, puede comprobarlo.

El caso es que, al parecer, dicen no ser nazis. De hecho, se definen como un partido social-patriota en un divertido y estimulante ejercicio eufemístico.

El presidente pestilente de DN, Manuel Canduela, cuya entrada en la wikipedia ha sido borrada debido, probablemente, a que en ella se publicitaba su muy turbio pasado, era el líder del grupo musical (ejem) División 250. Para el que no lo sepa, la División 250, es la División Azul, la cuadrilla de imbéciles españoles voluntarios que acudieron a la Unión Soviética a ayudar a los alemanes (Einheit spanischer Freiwilliger de la Wehrmacht) . Obviamente, la presencia de soldados españoles en el frente ruso durante la II Guerra Mundial no fue la causante de la victoria aliada, no seáis malpensados.

Como Manuel Canduela quiere aparentar ser un político serio y que no se lo tomen a chufla o le consideren un peligro público, probablemente no le guste recordar una letra de sus tiempos de músico (ejem) en División 250. Pero aquí estoy yo para recordársela. Lleva por sutil título Eh, negro, y erupta así:

Ohhhhhh
Eh! Negro vuelve a la selva
Europa es blanca y no es tu tierra.
Robando y mendigando quereís vivir
los jóvenes blancos, orgullosos skins
tarde o temprano os sacaremos de aqui.
Eh! Negro vuelve a la selva
Europa es blanca y no es tu tierra
Eh! Negro vuelve a la selva
Europa es blanca y no es tu tierra.
PODER BLANCO
Comenzasteis por Paris, de otros paises vinisteis aqui
a los europeos invadís
pero de los skins no os vais a reír
Eh! Negro vuelve a la selva
Europa es blanca y no es tu tierra
Eh! Negro vuelve a la selva
Europa es blanca y no es tu tierra.
STOP INMIGRACIÓN
Aprovechaís nuestra hospitalidad
será un duro golpe a pagar
los jóvenes blancos orgullosos skins
tarde o temprano os sacaremos de aquí.
Eh! Negro vuelve a la selva
Europa es blanca y no es tu tierra
Eh! Negro vuelve a la selva
Europa es blanca y no es tu tierra.
SKINHEADS
Seig Heil
Seig Heil
Seig Heil

Como todo el mundo puede comprobar, no hay nada que delate a Manuel Canduela como nazi. Pero algo será, digo yo, pues poeta tampoco, a juzgar por las letras (ejem). Él es social-patriota, como aquellos skinheads que me dieron una patriótica y social paliza hace años y a quienes la policía encontró propaganda de DN.

Por cierto, los amiguetes que me propinaron la paliza, perdieron el juicio, si es que alguna vez lo tuvieron.

sábado 3 de octubre de 2009

EL RESPETO AL ISLAM



Cuando el ayatolá Ruhollah Jomeini decidió leer en Radio Teherán la fatwa instando a la ejecución de Salman Rushdie por la publicación de Los versos satánicos en 1989 sin haberse leído el libro como es costumbre en los imbéciles religiosos, John LeCarré, en un ataque de idiocia sin precedentes, culpó al escritor angloindio de la reacción del mundo islámico.

La novela fue prohibida en India, Sudáfrica (!) Pakistán, Arabia Saudita, Egipto, Somalia, Bangladesh, Sudán, Malasia, Indonesia y Qatar. Todos ellos países donde la libertad es muy respetada, no cabe duda.

LeCarré, el viejo chocho, aseguró que Salman Rushdie tenía su merecido por ofender a una gran religión como el Islam. No contento con eso, tiempo después, LeCarré, el viejo loco, acusó a Rushdie de "colonialista" por no respetar la circuncisión femenina o ablación del clítoris, costumbre abominable en varios países islámicos que algunos líderes religiosos habían llevado hasta el Reino Unido, ejerciéndola, obviamente, a espaldas de la ley.

Pero LeCarré no es el único anormal que decidió enmendarle la plana a Salman Rushdie. No fue el único intelectualoide que abrió su sucia bocaza enarbolando la bandera del respeto a cualquier creencia ridícula. Yusuf Islam, el artista antes conocido como Cat Stevens, que decidió convertirse al Islam en un ataque de iluminación que ya quisiera para sí San Pablo, también decidió apoyar la fatwa.

Los analfabetos islamistas que pululan por Europa, se encargaron de hacer el trabajo sucio. En algunos países como Italia, el traductor de la obra de Salman Rushdie fue víctima de un atentado, pues los imbéciles terroristas creían que el traductor tenía que conocer al autor necesariamente, lo que dice mucho acerca de la capacidad de raciocinio de los integristas. ¿Acaso conocen ellos a Mahoma, el editor de las mentiras presuntamente dictadas por Alá?

Yusuf Islam, el artista antes conocido como Cat Stevens, publicó un artículo en los periódicos de todo el planeta - yo lo leí en El Mundo - quejándose por el trato recibido en un aeropuerto estadounidense durante la paranoia mundial después de los atentados del 11 de septiembre contra el World Trade Center. No voy a ser yo quien defienda el trato recibido al empalagoso cantante, pero lo que me choca es la sensación que me dejó el artículo de que el señor no aguanta una pajita por el culo en el aeropuerto, pero apoya sin ambages la condena a muerte a un escritor cuyo único "delito" fue el de expresarse con libertad, libertad de la que carecen todos y cada uno de los países islámicos. Pero bueno, qué sabré yo, al fin y al cabo, los españoles somos unos ignorantes.

Ignorantes. Es lo que dice Fátima Hsisni.

Según la hermana de un repugnante asesino que conducía un autobús-bomba en Irak, los españoles somos unos ignorantes, refiriéndose a la polémica levantada en España cuando el juez le dijo que debía mostrar su cara ante un tribunal. La señora Fátima, casada con un español bajito que trabaja en la construcción y que se convirtió al Islam por amor a la opresión hacia la mujer, digo yo, luce un jimar con burka que no deja que vea un pijo. Se queja y dice que en otros países de Europa, tan elegantes atuendos son vistos con normalidad. Ignoro si ésto es cierto, pero le aseguro a Fátima que en mi barrio estoy acostumbrado a ver yonquis en sus últimos suspiros y lo veo con normalidad. También veo con normalidad mierdas de perro en las aceras. Es la costumbre.

La costumbre puede hacer que veamos cosas con normalidad, Pero eso, Fátima, no convierte a esas cosas, o a esas costumbres, en aceptables. Cuando un periodista, Fátima de los cojones, te preguntó si te sentías orgullosa de lo que hizo tu hermano en Irak, contestaste que por supuesto que sí, aunque tu abogado, probablemente al borde de la histeria, cortó las declaraciones y dijo a los periodistas que no, que cómo te vas a sentir orgullosa de que tu hermano sea un pueril homicida cretino que piensa que inmolarse y llevarse un montón de vidas inocentes por delante, le concederá setenta y dos mujeres vírgenes en el Reino de los Cielos que están deseando abrirse de piernas ante su circuncidada polla. Dime, Fátima, ¿también se ve con normalidad sentir orgullo por algo así en algún lugar de Europa?

Fátima, mujer que escondes tus formas para no ser lapidada, en realidad, la culpa de que seas así no es enteramente tuya. En realidad, eres una víctima de una educación opresora. En realidad, Fátima, no has podido elegir, y por eso te has convertido en imbécil.

Pero lo peor, lo peor de todo, es que la progresía cutre que se rasga las vestiduras cada vez que el Papa se tira un pedo, saque la bandera de la tolerancia cuando se toca al Islam. Lo peor es ver progres de mentirijillas como LeCarré y Yusuf Islam, el artista antes conocido como Cat Stevens, abogando por el respeto a abominaciones como la ablación del clítoris o la condena a muerte de un escritor. Lo peor es que me digan que las creencias religiosas son respetables.

Una mierda son respetables. Que las respete su puta madre.

Ya sabes, Fátima: ooh, baby,baby is a wild world...


domingo 27 de septiembre de 2009

OMNIPRESENTE

Papá y mamá tenían a la niña de trece años atada a una silla totalmente desnuda y con las piernas abiertas. Cuando llegó la Guardia Civil, el sargento no pudo dejar de sorprenderse al ver que el párroco del pueblo tenía una hija con la sirvienta, hecho que había mantenido oculto durante años.

Jesucristo, en la pared, no dijo nada.

domingo 30 de agosto de 2009

LA MUERTE FEA

Una histérica. Así era ella, toda rulos y aspavientos. Toda bata de franela y zapatillas de felpa. Toda toro encima de la televisión, y todo el día la televisión puesta.

Ahora está como en exposición, el escaparate de una tienda de barrio. Compre los modelos más improbables en nuestro almacén oriental. Pero ahora, en realidad, luce cierta elegancia. Es una elegancia impuesta. Tenía que salir guapa en un momento así. Si es que alguna vez fue guapa.

La gente mira la exhibición y pasa por delante del cristal como el que visita el museo arqueológico. O el museo de cera, que muestra figuras que reproducen mal a actores, futbolistas y folclóricas. Salgo a fumar.
-
Fuera, familiares a los que jamás se me ocurriría llamar fuman. Otros charlan con los que fuman. Otros miran los patitos en el estanque. Otros miran al cielo y luego se miran los zapatos y siguen la línea de las baldosas con la punta del pie. La postura habitual es fumando o con los brazos a la espalda.

Me acerco a mi tio, que no fuma. Está sentado en el escalón, junto al césped.

- Qué, ¿mirando los patos? - le digo.

- No tiene gracia.

Ni puta gracia tiene, claro.

- ¿Tú no te tomas nada en serio, verdad? - me dice.

- Anda, anda, que hay que quitarle hierro al asunto, coño, si se veía venir.

- No miro a los patos - dice.

No, claro que no. Desde que se jubiló, lo que le gusta es mirar las obras. Hay obras por todas partes con el plan E del presidente y mi tio se junta con dos viejos más del barrio a apoyar los codos en las vallas. Cada uno de los tres lleva una bolsa de plástico con cosas de viejo dentro. Imagino a mi tio sacando migas de la bolsa y echándoselas a los obreros.

- Pitas, pitas, pitas.

Y mi tía está en la fiambrera, maquillada y vestida de domingo, y he pagado una corona de flores que pone que no me olvidaré de ella aunque seguro que no tardaré mucho en hacerlo.

Oigo sollozos por aquí y por allá. Mi tía, que tuvo una muerte trágica al caérsele un televisor de treinta y dos pulgadas encima mientras lo limpiaba, amaba su televisión y las tonterías que salían de dentro de él. Mi tío miraba las obras, mi tía miraba programas del corazón. Y así pasaron años de espectadores y sin hablarse más de lo necesario.

Un matrimonio de necesidad, pues más feos no podían ser. Mi tío se levanta y vuelve al escaparate. Le sigo. Está plantado ante ella, con una mano pegada al cristal. Empieza a llorar y le pongo la mano en el hombro y un coro de viejas cocodrilas nos rodea.

- Pero mira que era fea - me dice de repente.

¿Habrá habido amor?

- Era fea como un rayo - continúa, y me mira y me abraza llorando - qué fea era, joder, que fea.

Una vieja airada levanta un dedo índice ante nosotros.

- Pero era una buena persona - dice.

Pues sí, al menos, nunca mató a nadie. Aunque si lo hubiera hecho, habría vivido de verdad.

La puerta de atrás del escaparate se abre y entra un tío calvo con un mueble con ruedas tapado con una sábana. Lo planta junto al féretro. Lo destapa.

- Por fin - dice mi tío.

Es una televisión de plasma de cuarenta pulgadas.

- ¿Y el día que casques tú qué quieres que haga? - le digo.

- Entiérrame en un edificio en construcción. Y asegúrate de que tenga palomas cerca.