lunes, 28 de diciembre de 2009

La Biblia del terrorismo negro

William Luther Pierce III nació el 11 de septiembre de 1933 en Atlanta. Al parecer, era descendiente del gobernador de Alabama Thomas H. Watts de los Estados Confederados de América. Estudió física, aunque lo que aportó al mundo dista mucho de ser útil. Trabajó con George Lincoln Rockwell, fundador del American Nazi Party. Después de pasar por un sinfín de formaciones nazis, acabó fundando National Alliance, refrito de formaciones anteriores, en 1974. También inventó el Cosmoteísmo, que es una religión política que mezcla supremacismo blanco, panteísmo, eugenesia y nacionalsocialismo.

En 1970, publicó The Turner Diaries por capítulos en la revista neonazi Attack!. Antes de hablar de ello, veamos un fragmento:

Tres tiendas más abajo Henry paró de pronto y me mostró el letrero en la puerta: "Embutidos Berman". Sin vacilar por un momento abrió la puerta del coche y entró en el local.Animado por una súbita corriente, un impulso descuidado, lo seguí en vez de tratar de detenerlo. Berman en persona estaba detrás del mostrador, en la parte trasera. Henry lo atrajo hacia sí preguntando por un artículo que estaba en el frente y cuyo precio no podía ver muy bien desde detrás del mostrador. Al pasar frente a mí, le golpeé en la parte posterior de la cabeza tan fuerte como pude. Sentí la barra de jabón romperse por la fuerza del golpe. Berman cayó gritando a todo pulmón, comenzó a gatear para llegar con rapidez a la parte trasera de la tienda, gritando tan fuerte que podría haber despertado a los muertos.Yo estaba completamente estático y permanecí inmóvil ante semejante espectáculo. Henry no... saltó hacia la espalda de Berman y lo sujeto del cabello, le levantó la cabeza y mostrando su garganta la cortó de un solo movimiento, de oreja a oreja. El silencio no duró ni un segundo; al momento una mujer obesa y grotesca de alrededor de 60 años, probablemente la esposa de Berman, salió con furia corriendo desde el cuarto trasero blandiendo un largo cuchillo de cortar carne y emitiendo un alarido tan agudo que perforaba oídos. Henry le dejó que se acercara lo suficiente, lo suficiente como para golpearle con un frasco de encurtidos kosher en el rostro. Cayó en una lluvia de pepinillos y vidrios rotos. Henry saqueó la caja registradora, buscó otra caja de cigarros debajo del mostrador, la encontró y sustrajo los billetes que había dentro.

Podríamos pensar en una suerte de A sangre fría de Truman Capote. Pero ni la calidad literaria, ni los fines perseguidos tienen nada que ver. En éste fragmento de The Turner Diaries, dos hombres entran en un negocio judío, asesinan y roban al dependiente de forma repugnante, y golpean a la mujer judía con un bote de comida kosher, detalle bastante nauseabundo. Puro antisemitismo, pura apología de la violencia racial, e incitación al terrorismo. El dinero robado lo usan para financiar su causa.

La novela es una repulsiva olla podrida ideológica, el diario del miembro de un grupo terrorista nazi o supremacista blanco que cuenta como derrocaron al poder judío y negro de los Estados Unidos y acabaron con el Estado de Israel para construir una Nueva Era idílica para la raza blanca. No he podido encontrar en ella mas de dos páginas sin que ocurra un hecho violento o sin que se dé rienda suelta a una arenga racista. Los héroes de la novela forman comandos terroristas ubicados en diferentes lugares de Estados Unidos - lo que me lleva a pensar que el autor conocía la obra de Bakunin, y, desde luego, Los Demonios, de Dostoievski - a la espera de tomar el poder por cualquier medio, bombas nucleares incluídas.

En 1978, William Pierce sacó a la luz The Turner Diaries en forma de libro bajo el seudónimo de Andrew Macdonald. Ese mismo año fue el elegido para hacer pública su nada nueva religión política. La novela se convirtió en libro de cabecera de varias generaciones de neonazis. Es El código Da Vinci de los cabezas rapadas.

Timothy James McVeigh fue ejecutado el 11 de junio de 2001 por perpetrar el atentado contra el edificio federal Alfred P. Murrah de Oklahoma City en 1995, matando a 198 personas e hiriendo a otras 500. En The Turner Diaries, un pasaje describe un atentado aterradoramente similar. Timothy James McVeigh había leído el libro. Tres años antes de convertirse en famoso por méritos propios, acudió a Waco, Texas, al ver en las noticias el asalto a la granja de la secta liderada por David Koresh, acusada de vender armas, pero se le impidió acercarse en un control policial. Los locos se juntan, o al menos lo intentan.

En contraste, William Luther Pierce III, tuvo una vida larga. Murió de un cáncer en 2002. Estuvo propagando el racismo casi hasta el día de su muerte. Era un niño pijo sureño, descendiente de esclavistas, que jamás se manchó las manos de sangre y que jamás perdió un duro por culpa del presunto gobierno judío-africano, y al que jamás se le ocurrió pensar que demasiados protestantes blancos sustentaban buena parte de las fortunas de Estados Unidos. Las páginas nazis europeas sintieron mucho su desaparición. Para ellos, el escritor de una novela mediocre y repugnante, y fundador de una religión política con peligrosas conexiones new-age era un héroe. Para el que esto escribe, era un payaso.

Lo que me entristece es que no muriera mucho antes.