sábado, 2 de enero de 2010

El fin del mundo en 2012

Tenemos internet, teléfonos móviles, televisión digital, periódicos, revistas, libros, porno gratis. Vivimos una era en la que la información jamás estuvo tan accesible para todos. Todo el mundo sabe, todo el mundo tiene su verdad, todo el mundo dice, y el antiguo lo he visto por la tele, se ha transformado en lo leí en internet. La credibilidad es una pantalla.

Cualquier cosa que alguien con mucho tiempo libre cuelgue en la red haciéndola pasar por verdad, se transforma con una rapidez asombrosa en una especie de religión, pues tendemos a pensar erróneamente que si alguien se ha tomado su tiempo en hacer esas cosas, será por algo. Y sí, suele ser por algo. Pero en demasiadas ocasiones, ese algo no es contar la verdad: es simplemente la perpetua búsqueda de la eternidad. En otras palabras, son ganas de dar la nota.

Los tipos a los que les gusta dar la nota, parecen estar empeñados en hacernos retroceder en el tiempo. La era de la tecnología, en realidad, no se diferencia mucho de épocas pretéritas. Con la información al alcance de un click, se nos plantea una visión del mundo que, en el mejor de los casos, nos hace retroceder al siglo XIX. En otras ocasiones, directamente a la edad media.

Se usan las nuevas tecnologías para seguir pensando de una forma oscurantista. Las profecías de Nostradamus tienen legiones de iluminados analizándolas con lupa en la red. Todas ellas se van cumpliendo poco a poco, pero siempre después de que los hechos presuntamente predichos sucedan. Cuando hay un terremoto, cuando cae un meteorito, alguien dice: aquí Nostradamus lo vio. Pero muy poca gente se plantea que si Nostradamus tenía tantas ganas de advertir a las generaciones futuras, podría haber sido menos críptico y sujeto a interpretaciones de lo que fue. Si predijo algún tsunami, sería preferible que hubiera escrito: el día X del mes X del año X, ocurrirá X y morirán X personas en el lugar X si nadie lo remedia. Pero no. Eso no se puede hacer. Si eso fuera así, no habría cientos de miles de iluminados intentando descifrar lo indescifrable.

Los adivinos e iluminados actuales, tachan de locos y payasos a todos los adivinos e iluminados que no son ellos. Un estudioso de la obra de Nostradamus, no quiere que lo comparen con Carlos Jesús. Un seguidor de Erich Von Däniken no quiere que lo comparen con Luisi Toledo. Y pocos ven que la única diferencia entre unos y otros es que unos tienen cierto nivel educativo y los otros ninguno. Es una cuestión de actitud, de cultura. Un estudiante de historia puede usar un lenguaje culto y hacer pasar por serio algo que en los labios de Carlos Jesús parece una broma cutre. Pero ahí acaban las diferencias.

Cualquiera puede coger dos hechos aislados ocurridos en los últimos dos mil años, y atar hilos hasta unirlos, aunque en realidad no exista correlación alguna. Es el caso de El código Da Vinci, o el libro de pseudohistoria en el que se basa, El enigma sagrado. Es el caso de de los extraterrestres y las pirámides, de las abducciones y los visitantes de dormitorio. Los conspiracionistas que apoyan la existencia de los chemtrails son defensores furibundos de estas cosas. Pero claro, si un seguidor "serio" de estas cosas es comparado con los lunáticos de los chemtrails, se rasgará las vestiduras y te dirá que no es lo mismo. Pero ES lo mismo.

Nos reímos cada vez que los Testigos de Jehová predicen el fin del mundo. Pero no nos reímos cuando llega la moda del fin del mundo en 2012. El fin del mundo (no) predicho por los mayas, , tiene cientos de miles de seguidores por todo internet. La explicación es sencilla: todos hemos conocido de alguna manera a algún miembro de los Testigos de Jehová, y vemos sus costumbres y sus vidas como algo extraño y absurdo, pues a todos nos gusta follar, emborracharnos, drogarnos, ver pornografía, masturbarnos y comer morcilla y aceptar transfusiones de sangre. En cambio, nadie conoce a los mayas. Tan solo tenemos los restos de aquella civilización y los libros de historia, y no un conocimiento directo de ellos. A partir de ahí, el día a día y la propia naturaleza de los mayas, se idealiza. Y comienza a deformarse la realidad, y comenzamos a ver a los mayas con nuestros ojos modernos y medievales a un tiempo. Y, por supuesto, creemos que el 2012 nos iremos todos a tomar por culo, pues los mayas no son como los Testigos de Jehová. Ciertamente, no son iguales. Pero ambos comparten creencias absurdas.

¿Por qué tengo que creer a los mayas y no a mis vecinos Testigos de Jehová? ¿Tiene mas credibilidad Octavio Aceves que Aramis Fuster?

Todas las religiones afirman que su Dios es el verdadero. Aunque no supongan maldad en la religión del otro, se le mira con displicencia, pensando que es bueno aunque se ha equivocado de dios. En el fondo, todo ésto no es otra cosa que la fe. Todo el mundo quiere tener fe en algo. Y cuando entra la fe en tu vida, se acabó razonar, ya que otro lo hizo siglos atrás por ti y para siempre. Crees algo, y no necesitas razones. ¿Quién necesita razones cuando se tiene fe?

¿Existe alguna posibilidad de que el mundo se destruya en 2012? Si. Pero también existe esa posibilidad para 2010, 2011, 2013 y así sucesivamente. Incluso mañana mismo podríamos irnos a tomar por culo. Incluso dentro de diez minutos, o dentro de quince. La posibilidad esta ahí siempre. Pero yo no soy adivino, ni puta falta que hace.

Para la noche del cinco al seis de enero, tengo plan. Espero que ese día no sea el fin del mundo, me jodería bastante. Espero que el fin del mundo espere hasta el día 7 por lo menos. O ya puestos, al 2012, que no tengo nada pensado para hacer.

Por cierto, el tipo de la foto es Octavio Aceves. Perdiendo aceite, entre predicción seria y predicción seria.