domingo, 13 de junio de 2010

Las nada respetables creencias de Tom Cruise



Lafayette Ronald Hubbard, (1911-1986), fundador de la Iglesia de la Cienciología, nunca fue mucho más que un mediocre escritor de bolsilibros quizá demasiado listo. En la página de Scientology tienen colgada una biografía del sujeto repleta de hazañas en las que se nos insinúa que era perfecto. Era como John Wayne, Bruce Lee, Krishna, y Orzowei juntos. Era mejor que Chuck Norris y Jesucristo. No se menciona su escasa fortuna como literato,(escribió novelas pulp bajo seudónimos como Rene Lafayette, Tom Esterbrook, Kurt von Rachen, Captain B.A. Northrup, y Winchester Remington Colt) más bien se la falsea, y el texto alude contínuamente a lo extraordinario que era, y a lo mucho que viajó como marino - presunto teniente de la Marina estadounidense durante la II Guerra Mundial - por todo el planeta empapándose de todas las tonterías místicas orientales que tanto parecen impactar a la posmodernidad occidental.

Según la página de la Iglesia de la Cienciología, el corpus de todos el conocimiento que comprendre la religión de Scientology está contenido en más de cuarenta millones de palabras habladas y escritas acerca del tema todos ellas por L. Ronald Hubbard, fundador y fuente de Scientology.

Lo sorprendente es que la Iglesia de la Cienciología, en su página web, no dice prácticamente nada acerca de en qué consiste su religión. Tan sólo unas cuantas vaguedades y afirmaciones vacías que muy probablemente buscan el interés de los incautos y su posterior captación. Todo es deliberadamente ambiguo en la Cienciología, hasta Tom Cruise.

A nadie debería extrañarle que los propios cienciólogos no dejen que los que no lo somos conozcamos fácilmente sus doctrinas. Lo hacen para que no nos riamos de lo extraordinariamente ridículas que son.

Las religiones suelen presentar historias poco creíbles, como lo son el repugnante catálogo de atrocidades del Antiguo Testamento y la patética concepción divina de Jesús de Nazaret exenta de fornicio. Pero las religiones evolucionan, y las nuevas sobrepasan la locura de las antiguas, como es el caso de la Iglesia de la Cienciología - que no es iglesia, ni es ciencia, pero lo es y no lo es y es para todos como el budismo, para los jóvenes, para los payachos...- o la secta raeliana, son religiones preparadas comercialmente para las mentes menos lúcidas. Cuando la mayoría bienpensante habla del respeto que tenemos que tener para las creencias de los demás, imagino que también esperan respeto para las sectas destructivas como la que me ocupa.

Los cienciólogos creen que un extraterrestre llamado Xenu controlaba 76 planetas de la Confederación Galáctica superpoblados con 178 billones de personas cada uno hace 75 millones de años. Dentro de ese grupo de planetas, estaba la Tierra, que por aquellos entonces se llamaba Teegeeack. Para solucionar semejante despropósito, el bueno de Xenu, con la ayuda de pérfidos psiquiatras, llamó a los billones de personas - se ve que le sobraba tiempo - para hacerles una inspección de su patrimonio, pues en la Confederación Galáctica también hacienda eran todos. En lugar de eso, billones de personas recibieron inyecciones de alcohol y glycol mezclados para paralizarlos. Acto seguido, metieron a todos en naves espaciales exactamente iguales que los aviones DC8, los pusieron alrededor de los volcanes de la Tierra, y lanzaron bombas de hidrógeno encima. Esta es la razón por la que en el libro de estupidez pseudoreligiosa y autoayuda lamentable de Hubbard, Dianética, aparece un volcán en la portada.

La locura sigue. Xenu, para que las almas de las personas no volvieran para vengarse, se las llevó al cine. Literalmente. Y les puso películas en tres dimensiones. Con esas películas se convenció a las almas de que eran Dios, Jesucristo y todos y cada uno de los profetas. Así todos compartieron creencias falsas. Algunas almas encontraron cuerpos supervivientes y los habitaron, agarraron al cabrón de Xenu, se lo llevaron a una cima de algún planeta perdido de la Confederación Galáctica y allí lo encerraron dentro de un campo de fuerza como el de la Chica Invisible de Los 4 Fantásticos. Y desde allí nos vigila.

Ahora, los descendientes de aquellas almas tenemos creencias estúpidas en Jesucristo , Mahoma y otros falsos profetas (no como el verdadero profeta Hubbard que era la hostia), y la única manera de dejar de tenerlas y liberar nuestra alma es pagando mucho dinero... para eso está la Iglesia de la Cienciología, amiguete.

No olvidéis ser respetuosos con las creencias ajenas.