martes, 13 de julio de 2010

Henry Lee Lucas y Ottis Toole tampoco estuvieron allí



Henry Lee Lucas era el prototipo de white trash sureño. Con una infancia turbulenta repleta de malos tratos y pésimas condiciones alimentarias e higiénicas, todo parecía indicar que nunca llegaría a ser alguien medio normal. Hijo de una prostituta y un alcohólico sin piernas, desde niño sufrió todo tipo de vejaciones, incluyendo, al parecer, la obligación de observar como su madre desempeñaba el oficio más viejo del mundo con todo tipo de maleantes.

Es de sobra conocido el mito de Henry como asesino en serie por medio del cine o de mediocres libros como el del doctor Joel Norris, que aseguraba que parte de la culpa de que el cerebro de Henry no funcionara como es debido, se debía a el excesivo consumo de comida basura. Ahí es nada la ciencia del doctor. A lo que voy, a pesar de que Henry mató a su madre tras una discusión, y tal vez a varias personas más, su biografía está repleta más de leyenda que otra cosa. Ocurre con demasiada frecuencia con asesinos en serie.

En wikipedia, se asegura que Sus primeras experiencias sexuales, aproximadamente a los 13 años, fueron con animales: violaba ovejas y perros, y desde el primer momento relacionó el sexo con la muerte (al eyacular rajaba el cuello al animal). Esto podría ser significativo, si no fuera porque es probablemente falso. En la misma wikipedia, Peter Kurten, el vampiro de Düseldorff, al parecer también fue contratado como perrero donde experimentó el "placer" de torturar, violar y matar a perros abandonados y en la página www.kruela.ciberanika.com se asegura que lo que más le gustaba a Peter era apuñalar a los animales cuando estaba teniendo relaciones sexuales con ellos. En una ocasión se le ocurrió succionar la sangre del animal.

Demasiadas veces, las informaciones son confusas. Y otras veces, las informaciones son claramente manipuladoras y buscan el morbo fácil. Por eso Henry Lee Lucas es uno de los asesinos en serie más famosos del planeta. Pero, ¿era realmente así?

Muy probablemente, no. Henry Lee Lucas pasó por la cárcel después de matar a su madre, y después vagabundeó durante años por las carreteras del sur de Estados Unidos buscándose algo que le permitiera comer a diario. Robos propios de un chorizo de barrio y algunos trabajos basura fueron por lo general su sustento.

Cuando fue detenido por la denuncia de un sacerdote por tenencia de armas de fuego , confesó los asesinatos de Becky Powell, sobrina de su compañero de andanzas y amante Ottis Toole, y el de Kate Rich, una anciana para la que él y su novia Becky trabajaban y a la que cuidaban. Henry y Becky habían trabajado también para el sacerdote realizando chapuzas. Ante el asombro de los policías, Henry confesó también docenas de otros asesinatos de los que la policía no sospechaba. Ahí comenzó a rodar la bola de nieve.

Henry era un mentiroso compulsivo. Los policías que llevaron a cabo el interrogatorio, aseguraban que dio detalles sobre crímenes que sólo la policía podía conocer, si bien esto no fue más que una excusa policial para justificar una historia que años después fue totalmente desacreditada. Lucas llegó a confesar más de 900 asesinatos. Algunos creen que sólo cometió 360.

La mujer de los calcetines naranjas.

El cadáver de una mujer con calcetines naranjas fue el que llevó a un juez a condenar a Henry a la silla eléctrica. Y muy probablemente, no lo cometió. Apareció en una cuneta, despatarrada y exhibiendo sus famosos calcetines.

No se conoce la identidad de la mujer aún hoy. En el juicio, los rangers de Texas mostraron un video en el que Lucas confesaba como violó, asesinó y volvió a violar a la mujer. También se presentó una confesión escrita. Podría parecer contundente, pero no lo es. La defensa de Henry presentó el mismo video sin montar, y expusieron ante el jurado que el sheriff refrescaba la memoria del detenido cuando éste no parecía saber por lo que se le preguntaba. También demostraron que era esquizofrénico, que era deficiente mental, y que no era capaz de controlar sus actos, lo que lo llevaba a tener una bocaza a la que sólo había que pellizcar un poco para que confesara haber matado al mísmísimo Kennedy. El hecho es que no hay ni una sóla prueba de que Henry asesinara a la mujer de los calcetines naranjas.

Ottis Toole.

Ottis ,(a la derecha en la foto, en una reunión con su ex propiciada por las autoridades) era un chorizo al uso, amante de Henry y compañero de sus presuntas fechorías. Se vestía de mujer y se prostituía habitualmente. Su sobrina Becky, muerta a manos de Lucas, era menor de edad cuando empezó una relación sentimental con el archifamoso asesino. Cuando se enteró de la detención de éste, se entregó a la policía, confesando lo inconfesable.

En el colmo del despropósito policial, cuando Toole en la cárcel se puso a confesar, las autoridades arreglaron nada menos que una conversación telefónica entre ambos. En ella, Otis trata por todos los medios que Henry confiese su canibalismo, y entre uno y otro, van tejiendo la telaraña - ya sabes, ¿te acuerdas del asesinato de tal y pascual? , Oh, claro que me acuerdo, dime, no fue el día de... Si, precisamente ese día...- conversación que el propio Lucas propició mandándole una carta a su ex pidiéndole que le refrescara la memoria a fin de aclarar sus andanzas. El amor es así.

Henry superstar.

Cuando las autoridades de otros condados se enteraron de la existencia de Henry, no perdieron ni un minuto. En sus mesas se apilaban varios expedientes de asesinatos sin resolver, y con Henry tenían la posibilidad de resolverlos. Todos. Y si no era capaz el bueno de Henry de recordarlos, se le podía ayudar.

Acompañado de las autoridades, Henry era conducido a la escena de un crímen. Los policías interrogaban al sospechoso induciéndole a admitir lo que había hecho. La locura culminó con un plan de colaboración de diversas oficinas policiales con el único fin de esclarecer los crímenes de Henry y Otis.

Cada vez que tocaba confesión, Henry era agasajado con comilonas, tabaco, bebida... era la estrella. Por primera vez en toda su vida era el centro de algo. Salía en televisión. Era famoso. Sonreía a la cámara.

Aquello no olía bien. El periodista Hugh Aynesworth, quien había estudiado el caso del también famoso asesino Ted Bundy, comenzó a sospechar. Investigando, descubrió las múltiples incoherencias de las declaraciones de Henry. En algunos crímenes, había pruebas tangibles de que Henry ni tan siquiera estaba esos días en el estado en donde se cometieron. El día de la muerte de la mujer de los calcetines naranjas, Henry estaba en otro estado trabajando, y ese mismo día cobró un talón bancario a su nombre. Un fiscal se hizo eco y prosiguió con la investigación, encontrando incongruencias en la mayoría de sus declaraciones. La oficina del sheriff de Stonenburg, Florida, en donde fue detenido Henry por portar armas de fuego ilegalmente, se puso a temblar.

Henry confesó Aynesworth que se lo había inventado todo, y que sólo mató a su madre, a la anciana y a Becky, de quince años de edad.

Sectas satánicas.

El doctor Joel Norris es un mediocre especialista en asesinos en serie. Sus rocambolescas teorías acerca de que la alimentación poco saludable te puede llevar a matar a trescientas personas se pueden leer en la biografía que escribió sobre Lucas, publicada en España por Valdemar. Se entrevistó con él, y fue testigo de la transformación religiosa cristiana de Henry por medio de la bondad de una monja. Norris se tragó lo de la secta satánica pederasta.

Las leyendas urbanas sobre pederastia y satanismo forman parte del folclore fronterizo entre México y Estados Unidos. Henry y Otis afirmaron que ambos pasaban de un lado a otro de la frontera con un coche lleno de niños - a los que violaban con frecuencia - y que una vez allí los entregaban a señores poderosos que organizaban orgías y rituales satánicos con ellos. En el libro de Norris, Henry relata que la primera vez que comió carne humana fue en uno de estos rituales Cada vez que Lucas era entrevistado añadía más niños a la lista. Ni una sóla prueba que aportar, por supuesto.

El binomio pederastia-satanismo es algo muy común en el sur ultraconservador y cristiano estadounidense. En algunas páginas cristianas, he encontrado las ignorantes afirmaciones de que Alisteir Crowley era sacerdote satánico - falso - y que asesinó a 150 niños. Es de suponer que se los comió crudos. Pero nada de esto es cierto. Crowley sólo era un señor bajito que creía en un montón de supercherías ridículas, concretamente las supercherías teosóficas, y poco más. La Iglesia de Satán del fallecido Anton LaVey sólo era un club de libertinos con ganas de follar y rodearse de imaginería satánico-popera, un satanismo de opereta bastante ridículo, y más enfilado al hedonismo que a comer infantes. Pero eso no importa, la semilla está puesta y siempre volverá a surgir la sospecha. Pura leyenda urbana.

Si una organización supersecreta de multimillonarios hastiados de sí mismos decidiera secuestrar niños para pasar el rato, se me ocurre que los últimos a los que encargarían tan sórdido trabajo es a Henry Lee Lucas y a Ottis Toole. Supongo que buscarían gente con menos antecedentes, supongo que no buscarían esquizofrénicos ni pobres de solemnidad, supongo que buscarían gente que supiera leer, supongo que cualquier persona estaría mejor preparada para tal fin que estos dos retrasados mentales.

Henry no fue condenado más que por el asesinato de Becky, la anciana y el asesinato de la mujer de las medias naranjas, éste último sin pruebas. En espera de que se cumpliera el día de la ejecución, pasaba los días siendo un preso modélico. George W. Bush le cambió la pena de muerte por cadena perpétua. Falleció en 2001 de un ataque al corazón.

Ottis Toole falleció de cirrosis en 1996.