sábado, 6 de noviembre de 2010

Benedicto XVI, el acusador invitado



Bueno, pues ya está aquí.

Y viene tocando las narices. Hablando, como no podía ser de otra forma, del laicismo agresivo español. Alude a los años 30 y al anticlericalismo de aquella época por estas tierras. Si, unos pocos años antes de que Benedicto militara en las SS. Con los ojos como platos me quedo.

Escucho en Onda Cero el sermón de un periodista de los que creen que Benedicto XVI es uno de los más grandes intelectuales de Europa, y dice, refiriéndose a esa gentuza atea, laicista, no creyente, homosexual y circuncisa, que el gobierno español también paga las visitas de otros jefes de Estado que son sátrapas que no respetan los derechos humanos...

El periodista parece no enterarse de nada. En primer lugar, el Vaticano ha informado de que la visita del Papa es una visita pastoral, no una visita de Estado. Por lo tanto, es un privilegio para una creencia absurda más, pagar con el dinero de todos una visita totalmente privada. Eso, por no hablar de que supone el periodista que los ateos como el de este blog estamos de acuerdo con el resto de miserables gobernantes de este planeta. El señor periodista - desgraciadamente no me he quedado con el nombre, pero podréis descargaros sus tonterías de las dos de la tarde en la página de Onda Cero - ni tan siquiera sabe razonar, pues lo que hace es agarrarse a una falacia bastante habitual, es decir: vale, yo he matado a un niño de seis meses, pero tú también lo hiciste el año pasado... o vale que he asesinado a una octogenaria, pero tu vecino rompió las macetas de la del quinto y no te quejaste... como si una cosa justificara la otra. También olvida convenientemente el periodista que el Vaticano no está reconocido por la ONU como Estado. Esto vale para todos los periodistas que hoy, mañana, y toda la semana que viene, acusarán a los ateos y laicos de laicistas agresivos.

Agresivo. El laicismo agresivo es aquel laicismo que pretende una separación real de las iglesias y el Estado. Es decir, lo que se conoce en los círculos de personas con sentido común como laicismo, a secas.

Señor Benedicto XVI... ¿como se lo diría?

Es mejor no andarse con rodeos: es usted un verdadero sinvergüenza.

Con el dineral que se lleva su iglesia y, en menor medida, aunque no menos obscenamente, el resto de iglesias, venir aquí y soltar esa lengua de ex-miembro de las SS antes incluso de haber puesto el pie en la península - y lo que me quedará por escuchar este fin de semana -, debería, al menos, guardar un poco las apariencias.

Lo que no quiere usted, señor Benedicto, es laicismo. Porque el laicismo no es radical o no radical, símplemente, es o no es. Lo que quiere usted es que en España las decisiones se tomen en base a las monstruosidades que defecan los perpetradores de HazteOir.org y medios pseudoinformativos afines.

Entiéndame usted - y ustedes, creyentes varios - yo no quiero que nadie deje de creer o practicar los ritos y costumbres que les vengan en gana, siempre y cuando no aplasten mi libertad de elegir ni la de los que como yo, ni creen ni practican. A diferencia de ustedes, que pretenden imponer por medio de la presión a las instituciones y medios de comunicación su peculiar visión del mundo, aunque ello implique que tengamos que pagar sus supercherías con nuestros impuestos, yo no pretendo ni pido dinero para mantener mentiras milenarias.

Y es que, no le quepa duda, de que yo trago mucho más de lo que usted traga, con perdón y con dudas. Por lo de tragar, se entiende.

Trago con sus celebraciones idólatras, todo el mes de diciembre, y en semana santa, y los domingos la televisión pública de mi país, que pago con mi bolsillo, emite sus delirios en forma de sermón. Trago con procesiones, trago con su visita, pago sus procesiones y pago su visita.

Pero no se preocupe. Sus fieles groupies le gritan: Benedicto como mola se merece una ola. Es un eslogan afín a la mentalidad preadolescente que suele primar entre los creyentes más puntillosos. Son los hooligans de las parroquias.

Señor Benedicto, espero que esta visita se termine cuanto antes, y que vuelva al reino que les regaló Benito Mussolini por todo el morro, porque eso, desde luego, es lo que tienen todos ustedes: mucho morro.

Decía mi madre que el huésped y la pesca, a los tres días apestan. Usted no lleva ni tan siquiera uno.