jueves, 29 de marzo de 2012

Vigilantes y justicieros


En España, es frecuente que cada vez que un menor de edad muere violentamente asesinado, la investigación del asesinato y el posterior juicio sean presa del circo mediático de los canales de televisión.  Durante semanas, o meses, asistimos a delirantes espectáculos en los que hasta se entrevista ante las cámaras de un plató a testigos del juicio, aunque sean menores de edad.  En el fondo, no es más que un rentable y fácil negocio: con un caso aparentemente más truculento que los demás casos de asesinato, se llenan horas y horas diarias de presunta información que la gente sigue ávidamente.  Eso repercute positivamente en los ingresos por publicidad de las cadenas. Pagar a un testigo, o no pagarle, es más barato que mandar periodistas a la calle en busca de información de temas diversos, y a la gente le gusta el morbo.

Este fenómeno, que no es ni mucho menos nuevo, desata las más bajas pasiones entre el populacho.  A la puerta de los juzgados, los reporteros azuzan a las masas contra los acusados que acuden a declarar.  Y de estas reacciones, se desprende una manera de pensar casi bíblica, el ojo por ojo.

De la venganza, pasamos fácilmente al fascinante y tenebroso mundo de los padres coraje.  Algunos de ellos, participan activamente en el circo, otros ven como el circo deja de gustar a la gente y se diluyen dando conferencias en sedes de partidos de extrema derecha.  Los más audaces, se arman de valor y salen a recopilar pruebas ilegalmente que tiempo después un juez rechaza ajustándose a la ley, lo que queda para la posteridad reflejado en amarillistas series de televisión.

Cuando era pequeño, en mi barrio actuaron con más pena que gloria las patrullas ciudadanas.  La población de heroinómanos no hacía más que crecer, y algunos decidieron tomar la justicia por su mano.  Para ello, jamás pensaron en patrullar para impedir que los camellos que movían millones de pesetas vendiendo su basura dejaran de hacerlo.  El objetivo era el eslabón más débil.  En aquellos entonces no lo sabía, pero ese sentimiento populista de que las leyes no son suficientes para hacer justicia es tan antiguo como esa frase de "el delincuente entra por una puerta de comisaría y sale por la otra".  Ahora lo denominan - o lo denominaban - patrullas ciudadanas, pero su nombre es vigilantismo.

El vigilantismo surgió en el salvaje oeste norteamericano, en el siglo XIX.  Eran organizaciones civiles de ciudadanos que esgrimían exactamente los mismos argumentos que sus lejanos émulos de mi barrio en los años 80.  Los miembros de dichas organizaciones eran conocidos como vigilantes, en español.

Bald Knobbers

Algunos de estos grupos, llegaron a adquirir un poder inquietante que no tardó en transformarles en meros matones sin escrúpulos. Algunos de los más famosos eran Dodge City VigilantesBald Knobbers o los Montana Vigilantes.  Los historiadores especializados en el salvaje oeste parecen compartir la opinión de que los vigilantes cometían más delitos de los que impedían, además de haber matado a bastantes sospechosos que probablemente eran inocentes sin un juicio justo.  Por cierto, el Ku Klux Klan también fue un grupo vigilante en sus inicios.

Desde entonces, un buen número de vigilantes quizá no tan pintorescos como los Bald Knobbers de la fotografía, ha ido impartiendo su peculiar forma de hacer justicia.  Que yo recuerde, los vigilantes de mi barrio a lo más que llegaron fue a encender una hoguera que luego aprovecharon los yonquis para hacer una barbacoa.  Pero el fenómeno, repito, no ha cejado.  De hecho, en algunos lugares ha sido institucionalizado obscenamente, lo que ha ocasionado más problemas que soluciones.

En el enlace anterior, podemos ver que un chico negro fue ajusticiado gracias a una ley promulgada por Jeb Bush, hermano de George W. Bush y ex-gobernador de Florida.  Como el vigilantismo, institucionalizado o no, no es justicia ni nada que se le parezca, el más que probable asesinato racista ha generado su respuesta en internet.  ¿Y cual ha sido la respuesta? Sencillo: más vigilantismo.  El director de cine Spike Lee retuiteó la dirección del presunto asesino del chico negro en su cuenta de twitter.  La dirección no era tal, era la de una persona con un nombre parecido.  En esa dirección vive una pareja de septuagenarios que desde que Spike Lee abrió la boca, vive encerrada en casa presa del pánico ante el acoso de los espontáneos vigilantes que buscan justicia.

Ahora, está más de moda que nunca.  Si desarmas a los Bald Knobbers y sustituyes sus máscaras por las de un terrorista e integrista católico inglés llamado Guy Fawkes, tienes una genuina cuadrilla de vigilantes 2.0:
Al parecer, a diferencia de los Bald Knobbers, Anonymous tienen asesor de imagen.

Anonymous publicó los datos privados del director del FBI y de su mujer y sus hijas, pues ya se sabe que todos los males que perpetre el director del FBI, su hija los lleva en los genes.  Por supuesto, Anonymous no dan su nombre y apellidos, y desde el anonimato uno puede ejercer de cobarde libremente.  También deciden que los que no piensan como ellos no tienen derecho a expresarse. Sí, las personas irracionales también tienen ese derecho.

Por supuesto, la delación, el señalar con el dedo a quien crees culpable, juzgar antes del juicio, es más propio de un atajo de fascistas que de cualquier acto democrático o revolucionario. Cuando la gente empieza a tomarse la justicia por su mano, con violencia física o sin ella, a mí me da miedo.  Soy así de vulnerable, qué le voy a hacer.  Todo esto siempre me recordará aquella película del gran Fritz Lang, donde los delincuentes se transforman en vigilantes. Por favor, no dejéis de verla si aún no lo habéis hecho.




sábado, 10 de marzo de 2012

El orgullo de ser gay

Dudo mucho que Daniel Zamudio, el homosexual apaleado hasta caer en coma por un grupo de criminales neonazis en Chile, pueda leer el siguiente post.  Pero esto va por él, y para los que como él están sufriendo una persecución asesina en muchas partes del planeta.  Espero que pueda salir adelante con orgullo.

Existe en España la opinión de que eso del Día del Orgullo Gay es una cosa que no debería ser celebrada.  Los argumentos utilizados para justificar este pensamiento suelen ser del tipo yo soy heterosexual, ( algunos añaden "y estoy orgulloso de serlo" ) y no necesito un día del Orgullo Heterosexual para subirme en una carroza a dar el espectáculo que blablabló..."  En el argumento subyace la realidad detestable de que hay gente a la que no le importa que otro u otra sea gay, pero prefiere que ese otro u otra permanezca en silencio.  O tal vez, y esto es lo más probable a mi entender, esa opinión es sólo un manto para tapar sus profundos sentimientos homófobos.

Los canales cristofrikis de la TDT Party , sus pseudodiarios, que no son más que caros panfletos generalmente con grapa, nos han brindado vomitivas manipulaciones que ilustran este pensamiento fascistoide.  Cuando el anterior gobierno aprobó la ley que permite a parejas del mismo sexo contraer matrimonio, escuché absolutamente atónito en un programa de radio como un pseudoperiodista y pseudopoeta decía que a partir de ese momento, cualquier cosa puede ser un matrimonio, por lo tanto un hombre puede casarse si así lo desea con un animal de otra especie ( lo de otra especie es mío, pues ya se sabe que para los creyentes el ser humano es otra cosa) sin que nadie le reprendiera por tan nauseabunda comparación. Por lo general, los manipuladores suelen (como hicieron en su día los más cristofrikis de todos ellos ) seleccionar las imágenes de la celebración del Día del Orgullo Gay que más se adecúan a sus prejuicios.  Así, se nos ha llegado a presentar como anormales a personas que están en su legítimo derecho de enseñar cacha y divertirse en un desfile, como si esas personas se pasaran toda la vida haciendo lo que vemos en el vídeo.  Nunca verás las imágenes de quienes en el mismo desfile no van en taparrabos o vestidos de mujer.  Soprendentemente, los desfiles de carnaval en los que personas evidentemente ebrias enseñan cacha y actitudes nada respetables, suele mostrarse en los medios como algo divertido y entrañable.

A lo que voy. ¿En serio alguien piensa que la celebración del Día del Orgullo Gay es la celebración de una tara ( en opinión del pseudohistoriador y ex-terrorista Pío Moa) o algo que no se debería celebrar? No estoy de acuerdo.  Pero que yo esté de acuerdo o no, importa muy poco.

Lo que importa es que la celebración del Día del Orgullo Gay o la reivindicación de los derechos de los homosexuales no son un mero capricho.  En este mismo blog, escribí hace tiempo un artículo explicando qué es lo que celebran las personas ese día, algo que deberíamos tener todos, absolutamente todos, muy en cuenta.

Los homosexuales han sufrido la persecución, la tortura, el encarcelamiento, el asesinato y el rechazo desde que el cristianismo es cristianismo.  El Islam no se conforma sólo con no respetar los derechos de la mujer, tampoco respeta ni tolera los derechos de los homosexuales. Los judíos ortodoxos no son muy diferentes al respecto.  En la homofobia hay clarísimas raíces religiosas.

Los motivos para celebrar ése día y los motivos para reivindicar sus derechos están en la Historia, y, tristemente, en la actualidad.

Según la ONU, la homosexualidad está criminalizada en la friolera de 76 países.  Hace poco, un chico chileno recibió una paliza por parte de neonazis ( que nadie olvide que los homosexuales sufrieron la misma triste suerte durante el III Reich que los judíos, gitanos, comunistas y cualquiera que no tragara con el nazismo ) que lo dejaron en coma.  La noticia es espeluznante:  le arrancaron parte de la oreja y le grabaron símbolos neonazis en la piel.  El mes pasado, el parlamento ugandés presentó un proyecto de ley que busca castigar con la pena de muerte a los homosexuales "reincidentes", a mayor gloria del cristianismo.  El proyecto fue presentado por un pequeño grupo político, y lo realmente sorprendente es que el año pasado, el parlamento ugandés rechazó otro proyecto de ley genocida porque ya existía legislación suficiente para luchar contra los crímenes homosexuales.

Ahmadineyad admitió públicamente que en Irán no tenemos ese problema, algo que no sólo es falso, en el aspecto de que hay homosexuales en Irán le guste a este hombre o no: también deja poco lugar a dudas de que para los extremistas que gobiernan Irán, la homosexualidad es un problema.

En España, el Partido Popular, empapado de integrismo católico que no tiene otro remedio que maquillar para no resultar demasiado agresivo ( aunque en el fondo es muy agresivo), recurrió la ley del matrimonio homosexual ante el Tribunal Constitucional ( y ahora, uno de sus starlettes, Gallardón, impone por mayoría obsoleta, absoluta, una ley del aborto claramente inspirada por su religión y lo hace a toda prisa antes de que el TC se declare sobre la anterior ley del aborto a petición del propio Partido Popular y la considere tal vez adecuada a la Constitución, lo que haría algo más difícil imponer sus doctrinas de rico católico y sus ñoñas, ridículas, obscenas e inconcebibles declaraciones al respecto) .

Cuando los medios paleoconservadores españoles dicen lo que dicen sobre los gays, están induciendo de alguna manera a que personas como Daniel Zamudio sean apaleadas en Chile o ahorcadas en Uganda.

Las personas homosexuales, bisexuales y transgénero, son perseguidas hoy en el mundo.  Mientras escribo esto, está ocurriendo.  Mientras lees esto, está ocurriendo.  Los derechos de los homosexuales son pisoteados muy religiosamente en casi todo el planeta.  Y sus derechos, los derechos de los homosexuales, son también mis derechos.  Y siempre defenderé mis derechos, le guste al gobierno o no.


martes, 6 de marzo de 2012

Anonymous, policía del pensamiento


El colectivo Anonymous no necesita presentación a estas alturas.  Lo que necesita es otra cosa.

Desde que supe de su existencia, me pareció desconcertante.  Unos señores que nadie sabe quienes son, se dedican a tumbar páginas web.  Guau.  Tiembla el planeta.

La presunta importancia del colectivo nos ha llevado a contemplar escenas de un surrealismo hilarante, como aquella famosa rueda de prensa con careta de Guy Fawkes incluída, en la que un mando policial se jactaba de algo que no había hecho en realidad.  Esto, además de proporcionar horas de risa entre los partidarios del movimiento e incluso en el que esto escribe, no ha hecho sino dar aún más popularidad al movimiento ciberactivista.  Algunos medios han anunciado a bombo y platillo sus acciones, queriendo verlas como el último grito en activismo político.  Hasta bonitos publireportajes acríticos les han dedicado.

Recientemente, una noticia en  Vanguardia.com.mx ( la solvencia informativa de este medio es siempre discutible, oiga, por tanto el ataque a las webs cristianas cojámoslo con pinzas, si bien en algunos sitios he visto capturas de pantalla de tan magno evento ) anunciaba que Anonymous ha empezado a atacar páginas de iglesias evangélicas norteamericanas.  El argumento al que recurren para ello, es poco sólido.  Decir que vas a atacar eso "por la propia estupidez religiosa" te sitúa automáticamente al mismo nivel de raciocinio que los integristas de Westboro. 

Tres sitios cristianos han visto (presuntamente) como en sus webs en lugar de los habituales delirios religiosos, aparecía el bueno de Richard Dawkins en una de sus habituales conferencias, el famoso "llamamiento a las armas" para los ateos.  Hasta aquí hemos llegado, Anonymous.

A Dawkins le gusta debatir.  Sin ir más lejos, hace muy poco pudimos ver en casi todo el mundo un memorable debate en directo entre el biólogo y el obispo de Canterbury.  Aunque ignoro qué pensará Dawkins al respecto de su inclusión involuntaria en una acción de Anonymous ( Dawkings, según Vanguardia.com.mx, arf ) , estoy seguro de que cuando hizo ese llamado a que los ateos salgan del armario, no se refería precisamente a esto.  Imaginad que en lugar de debatir, Dawkins hubiera acudido encapuchado una noche a casa del obispo armado con un bate de béisbol.

Anonymous no refuta ideas, ni debate.  Lo que hace Anonymous es otra cosa. 

Se llama totalitarismo.  Policías del pensamiento.

Mis ideas están a años luz de las ideas de todos los evangelistas que en el mundo son.  No me cabe ninguna duda.  Pero tengo un cerebro que me gusta usar, y si tengo la oportunidad, lo uso para intercambiar ideas libremente, para debatir, para refutar, para señalar lo que pienso que está mal. Siempre me ha gustado ir a cara descubierta.  Digo lo que pienso sin esconderme.  Si alguien quiere discutir algo, aquí estoy. Si algún día me van a detener por decir lo que pienso, aquí estaré también.  Cuando veo un tipo con la cara tapada anunciando una acción, o diciéndote qué pensar o qué hacer, desconfío de ese tipo.  Yo soy así, desconfío de desconocidos encapuchados.

En cambio, Anonymous se esconde tras una careta que representa al terrorista e integrista católico inglés Guy Fawkes.  Digo yo, que si quieres atacar a una religión, no es lógico esconderse tras la cara de un extremista católico.

Y acabo.  Que yo no esté de acuerdo con unas ideas, no quiere decir que desée prohibirlas.  Cuando se cae en algo así, se cae en el totalitarismo, en la censura.  ¿No estaban estos señores contra la SOPA? ¿Lo de la libertad de expresión sólo sirve para aupar a los altares a ricachones palurdos que te ayudan a ver Juego de Tronos antes de su estreno por toda la cara o cómo se come eso?

¿Alguien de Anonymous sabe lo que es el efecto Streisand