domingo, 16 de septiembre de 2012

Derecho a la blasfemia


Desde que comenzó, gracias al video que parodia a Mahoma, el tour internacional de quema de embajadas norteamericanas, a mayor gloria del profeta, he leído mucha información al respecto.  Desde los delirios conspiranoicos habituales, hasta la detención de un egipcio residente en Estados Unidos, que profesa el cristianismo copto, con antecedentes vaquillescos ( posesión de drogas, estafa...) por razones aparentemente ajenas al video que algunos llaman pomposamente "película".

A raíz de ésto, el ministro de Asuntos Exteriores de Argelia, Mourad Medelci, en una entrevista publicada en el diario El País, no ha dudado en decir que
Solo estoy aquí para decir dos cosas: que la película es una iniciativa, una más, que atenta contra una religión y que los ataques de Bengasi y de otros lugares son condenables. ¿Posee nuestro sistema de gobernanza mundial recursos para acabar con la blasfemia? Me temo que carecemos de ellos. Es necesario hacer un esfuerzo en materia de gobernanza mundial para elaborar un marco jurídico adecuado que ataje estas situaciones. No es tolerable que en nombre de la libertad de expresión algunos quieran hacer añicos las convicciones religiosas. 
Cabría decirle al ministro, que quien aparentemente está detrás de la película, es un fanático religioso, y que el respeto que piden para las creencias religiosas en todas partes, suele ser más bien escaso entre los diferentes tipos de creyentes que en el mundo son. 

Si una persona tiene fe, cualquier ataque a sus creencias debería ser inocuo.  Pero eso no sucede, porque el creyente es consciente de que una crítica a la religión puede dejar en muy mal lugar sus creencias, hasta el punto de convertirlas en lo que son: meras creencias sin fundamento alguno.  

En España hay marco legal contra Javier Krahe
La libertad de expresión no puede ser limitada por el hecho de que algunos se ofendan cuando alguien exprese sus opiniones.  Las ideas no deben tener derechos.  Por eso, como en España, existen infames leyes que protegen injustamente las creencias religiosas, para equiparar artificialmente la ofensa a una persona con la crítica o burla hacia una idea.  Si limitamos la libertad de expresión porque en nombre de ella "algunos quieran hacer añicos las convicciones religiosas", Richard Dawkins, Christopher Hitchens, Salman Rushdie, Bertrand Russell y una larga lista de personas, jamás habrían visto sus obras publicadas, y yo mismo tendría serios problemas por escribir lo que escribo en éste blog.  O peor aún: los que defienden las creencias religiosas tendrían ( y tienen ) la decisión en su mano de considerar qué es una ofensa a la religión, y todos sabemos que los creyentes tienen un concepto muy amplio de lo que es una ofensa.  Éstas cosas ocurren en Pakistán, país que tiene lo que el ministro llama "un marco legal" para condenar a muerte a los blasfemos.  Es astuto pedir algo tan ambiguo como eso, pues pedir expresamente leyes contra la blasfemia recuerda tiempos peores en los que un blasfemo podía morir en la hoguera, o como en la actualidad en algunos países, ser lapidado ante el jolgorio de una pandilla de palurdos creyentes que se divierten haciéndolo.

Señor ministro, lo que necesitamos no es un marco legal para acabar con la blasfemia. Lo que necesitamos es eliminar la estupidez del mundo, y ahí entra su estúpida idea.  Si decido hacer añicos una creencia religiosa con mis palabras, nadie es quién para impedírmelo.  Sólo son palabras.  Es mucho mejor que poner coches bomba, quemar embajadas y linchar personas.  Fascista.



domingo, 9 de septiembre de 2012

Lapidar a la española


Ponéos en el pellejo de un homosexual adolescente que vive en un pueblo.  O del hijo de una madre soltera.  O de esa madre soltera.  O de la joven que ejerce su sexualidad libremente.  O de las concejalas socialistas que se masturban.

El caso de Olvido Hormigos es de esos que invitan a pensar.  Después de que alguien filtrara un video erótico que ella misma grabó masturbándose, la concejala socialista fue recibida en el pleno del ayuntamiento de Los Yébenes por algunos vecinos del pueblo al grito de "puta", "guarra" y "sinvergüenza".  En twitter, algunos yebeníes ( estupendo y apropiado gentilicio acuñado en ésta semana ) lanzaron el hashtag #OlvidoDiLaVerdad, en el que se hacían todo tipo de insinuaciones sobre la concejal.  Uno de los tweets decía:  POR UNA GUARRA ESTAMOS QUEDANDO TODO YÉBENES MAL. ME PARECE ESTUPENDO. 

A partir de ahí, la gente ha establecido teorías.  Que si es una adúltera, que si le está bien empleado por golfa, que miente...y como un yebení me dijo en twitter,

 @El__Yayo pues nosotros no nos avergonzamos de nada. Que se avergüence ella que es la única culpable de todo lo que ha pasado.

En todo momento, algunos yebeníes  han decidido que un asunto privado, que además tiene un posible delito por medio lo suficientemente repugnante como para ponerse del lado de la concejala, tiene que ser público.  Incluso señalan a la mujer como culpable.  Para el imputado por la filtración del video, en cambio, algunos han mostrado su solidaridad.  Es inocente hasta que se demuestre lo contrario, claro.   Así que no entraré a valorar si el imputado es una bella persona o un hijo de puta.

La edil socialista denunció el caso el 13 de agosto.  En un foro de internet sobre Los Yébenes, alguien creó un hilo al respecto.  No es difícil imaginar que Hormigos, desde ese día, está sufriendo un infierno.  Cuando el caso saltó a los diarios de información nacional, la cosa se desbordó.  Y ahí es cuando todos hemos podido ver las actitudes catetas, el sucio legado judeocristiano que permanece en lo profundo de la España profunda que sataniza la sexualidad de la mujer ( no olvidemos que la del hombre, en especial la del imputado, no ha sido objeto de improperios como "guarro" o "sinvergüenza" ) , pero las actitudes abrahámicas  no son aplicables a un hombre en el caso que nos ocupa.

Olvido Hormigos, después de recibir apoyos de su partido político -e incluso de Esperanza Aguirre - ha decidido no presentar su dimisión y seguir en su puesto, demostrando una dignidad que algunos de sus paisanos que pasaron unos cuantos días linchándola virtualmente o en el pueblo no tiene.  

Pero no me cabe ninguna duda de que hoy, que parece que los ánimos andan más calmados mirándolo desde fuera del pueblo, la edil sigue soportando una presión terrible.  Miradas, insultos, habladurías.  Debe ser muy complicado salir a trabajar después de algo así en un pueblo con 6.405 habitantes.

El  hashtag  #OlvidoDiLaVerdad, es el reflejo de las peores actitudes medievales de una cultura. Se le exige a la víctima de un delito que diga la verdad, como si le debiera alguna explicación a toda esa turbamulta que en un marco legal teocrático estaría lapidando adúlteras.  En algunos periódicos, se informa del presunto adulterio de la concejala, algo que  ni justifica el delito, ni pertenece más que a su vida privada, ni debe explicar la edil públicamente.  Afortunadamente, pese a todo, en España masturbarse y grabarse haciéndolo, no es un delito.  Tampoco el adulterio.  En un pueblo, mucha gente siente que todo el mundo le debe explicar lo que hace con su vida.  Por eso, siento cierto alivio al pensar que las opiniones abyectas de éste tipo de gente, que seguro han visto el video y lo han disfrutado en el más amplio sentido de la palabra, carecen de validez alguna.  
Política de misa y pandereta.

Es muy triste todo ésto.  A mí no me preocupa si una mujer se masturba o se acuesta con veinte.  Que ese es el tema, y es por lo que, en el fondo, los yebeníes se sienten ofendidos.  Me preocupa mucho más que una ministra se encomiende a la Virgen del Rocío para acabar con el paro.  Porque lo de Hormigos pertenece a su vida privada, y es por eso por lo que está en un juzgado.  Y lo de la ministra, pertenece a la vida pública, a su trabajo.  Es oficial.  Sólo la ministra nos debe una explicación.

Lo visto en el pleno del ayuntamiento de Los Yébenes, los insultos a la concejal, es la constatación de que una persona puede disponer de internet, electricidad, electrodomésticos, coches, iPhone y ordenadores, y seguir anclado en la Edad Media, en el oscurantismo, en la matanza de Puerto Hurraco, en la ignorancia cateta de boina y garrotazo y escopeta de cartuchos.  El mito del buen salvaje, que hace aguas por todas partes.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Dioses de carne y hueso

Por muchos años de mi vida pude trabajar bajo el mayor hijo que haya producido mi pueblo en su historia de mil años. Ni siquiera, si lo quisiera, podría borrar este período de mi existencia. Me siento feliz de saber que he cumplido con mi deber para con mi pueblo; mi deber como alemán; como nacionalsocialista; como leal seguidor de mi Führer. No me arrepiento de nada. Si tuviera que comenzar de nuevo, actuaría tal como he actuado, inclusive si supiera q ue al final me esperase una feroz muerte en la hoguera. No importa lo que me hagan los hombres, algún día estaré ante el trono del Juez Eterno. Ante Él me responsabilizaré y se que Él, me declarará inocente.
                                                                                                                                  Rudolf Hess


El mes pasado, viví una velada nocturna en Madrid con personas a las que acababa de conocer, en su casa.  Suena extraño, lo sé, pero es una larga y surrealista historia que no me apetece relatar.  Lo desagradable no fue exactamente esa noche.  Fueron más bien las circunstancias que rodearon su recuerdo días después lo que me ha dejado un regusto amargo.

Una de las personas a las que acababa de conocer, intentó defender el argumento de que no todas las dictaduras son malas.  No me sorprendieron sus palabras, no era la primera vez que escuchaba algo así.  Pero me dio que pensar.

Es cierto que un dictador benévolo que jamás se equivoque, que tome las mejores decisiones para todos, será un gobernante ideal.  El problema es que alguien así tiene tantas similitudes con dios que cuenta de antemano con mi rechazo.  Un dictador así sólo puede existir en los cuentos de hadas y en los libros sagrados.   En los cuentos, en general.

Para los creyentes, su dios es perfecto: lo sabe todo, lo ve todo, cuida de todos, siempre acierta con sus decisiones.  Desgraciadamente, algunos se dedican obstinadamente a llevar la contraria a sus sagradas palabras: homosexuales, disidentes, feministas, médicos abortistas, izquierdistas, librepensadores, punkrockers... la lista sería interminable.  Por supuesto, para los creyentes, la desviación del camino marcado por dios, no es culpa de dios, es culpa de los propios desviados.  Es una paradoja, teniendo en cuenta que todo lo ve y todo lo puede y todo lo sabe y jamás se equivoca.  ¿Puede un dios infalible crear seres humanos que se rebelen y lleguen a la conclusión de que las palabras sagradas no contienen verdad alguna?  No será tan infalible, entonces.

Mi padre dice que con Franco, dios no tuvo ni puta gracia.
En el caso de un dictador de carne y hueso, es decir, en el caso de algo real, ocurre algo sospechosamente parecido.  El gobernante es perfecto, jamás se equivoca, sus decisiones son sabias, no son discutibles, y buscan el bienestar de la mayoría.  Para ello, como dios, ordena, faltaría más, reprimir o exterminar a todos aquellos que no comulguen con su presunta sabiduría y, por supuesto, ésto también lo hace por el bien de todos.  Para los partidarios del dictador, sus decisiones son acertadas, sean las que sean.  Aquí es donde el creyente religioso y el fanático seguidor de las ideas de un líder mesiánico de carne y hueso se confunden hasta hacerse indistinguibles.

Los seguidores debidamente fanatizados de un dictador, o bien suplantan su creencia religiosa por la creencia en una religión política, o bien la compatibilizan, como en el caso de Francisco Franco, que había sido elegido para dirigir España por la Gracia de Dios.  Hitler se sentía elegido por la providencia, transformado a los ojos de los alemanes en una especie de mesías cuasireligioso, y los afiliados al NSDAP, en su inmensa mayoría, creían en su infalibilidad, aunque eso implicara invadir Polonia y exterminar pueblos enteros.

Pol Pot era un gran líder para sus fanáticos seguidores
El problema, básicamente, es éste.  Los partidarios de una religión política, como mi interlocutor aquella larga noche, esperan la llegada de un líder perfecto.  Esperan un mesías.  Y si partimos de ahí, en el momento en que cualquier iluminado del mismo signo que él acceda al poder, dará igual lo que haga mal.  No puede equivocarse.  Para el creyente, no hay errores en el creador.  Y las bajas que puedan acarrear sus decisiones, son necesarias para lograr la perfección.  El infierno de las religiones políticas se llama Gulag, se llama Auschwitz.  Si alguien osa disentir, será un hereje.  Y a los herejes, hay que combatirlos a cualquier precio.

Últimamente he leído y escuchado afirmaciones en la misma línea en twitter, en el trabajo y en la calle.  Creo que la búsqueda de alternativas a la crisis, puede llevar a mal término si erramos el tiro.  Que tengamos que encontrar soluciones, no quiere decir que cualquier solución sea deseable. Una solución para acabar con el hambre en el mundo es exterminar a los hambrientos.  Es una solución, por supuesto que sí.  Pero es una solución abominable.

Y ésta, repito por enésima vez en éste blog, no es mi izquierda.