martes, 6 de marzo de 2012

Anonymous, policía del pensamiento


El colectivo Anonymous no necesita presentación a estas alturas.  Lo que necesita es otra cosa.

Desde que supe de su existencia, me pareció desconcertante.  Unos señores que nadie sabe quienes son, se dedican a tumbar páginas web.  Guau.  Tiembla el planeta.

La presunta importancia del colectivo nos ha llevado a contemplar escenas de un surrealismo hilarante, como aquella famosa rueda de prensa con careta de Guy Fawkes incluída, en la que un mando policial se jactaba de algo que no había hecho en realidad.  Esto, además de proporcionar horas de risa entre los partidarios del movimiento e incluso en el que esto escribe, no ha hecho sino dar aún más popularidad al movimiento ciberactivista.  Algunos medios han anunciado a bombo y platillo sus acciones, queriendo verlas como el último grito en activismo político.  Hasta bonitos publireportajes acríticos les han dedicado.

Recientemente, una noticia en  Vanguardia.com.mx ( la solvencia informativa de este medio es siempre discutible, oiga, por tanto el ataque a las webs cristianas cojámoslo con pinzas, si bien en algunos sitios he visto capturas de pantalla de tan magno evento ) anunciaba que Anonymous ha empezado a atacar páginas de iglesias evangélicas norteamericanas.  El argumento al que recurren para ello, es poco sólido.  Decir que vas a atacar eso "por la propia estupidez religiosa" te sitúa automáticamente al mismo nivel de raciocinio que los integristas de Westboro. 

Tres sitios cristianos han visto (presuntamente) como en sus webs en lugar de los habituales delirios religiosos, aparecía el bueno de Richard Dawkins en una de sus habituales conferencias, el famoso "llamamiento a las armas" para los ateos.  Hasta aquí hemos llegado, Anonymous.

A Dawkins le gusta debatir.  Sin ir más lejos, hace muy poco pudimos ver en casi todo el mundo un memorable debate en directo entre el biólogo y el obispo de Canterbury.  Aunque ignoro qué pensará Dawkins al respecto de su inclusión involuntaria en una acción de Anonymous ( Dawkings, según Vanguardia.com.mx, arf ) , estoy seguro de que cuando hizo ese llamado a que los ateos salgan del armario, no se refería precisamente a esto.  Imaginad que en lugar de debatir, Dawkins hubiera acudido encapuchado una noche a casa del obispo armado con un bate de béisbol.

Anonymous no refuta ideas, ni debate.  Lo que hace Anonymous es otra cosa. 

Se llama totalitarismo.  Policías del pensamiento.

Mis ideas están a años luz de las ideas de todos los evangelistas que en el mundo son.  No me cabe ninguna duda.  Pero tengo un cerebro que me gusta usar, y si tengo la oportunidad, lo uso para intercambiar ideas libremente, para debatir, para refutar, para señalar lo que pienso que está mal. Siempre me ha gustado ir a cara descubierta.  Digo lo que pienso sin esconderme.  Si alguien quiere discutir algo, aquí estoy. Si algún día me van a detener por decir lo que pienso, aquí estaré también.  Cuando veo un tipo con la cara tapada anunciando una acción, o diciéndote qué pensar o qué hacer, desconfío de ese tipo.  Yo soy así, desconfío de desconocidos encapuchados.

En cambio, Anonymous se esconde tras una careta que representa al terrorista e integrista católico inglés Guy Fawkes.  Digo yo, que si quieres atacar a una religión, no es lógico esconderse tras la cara de un extremista católico.

Y acabo.  Que yo no esté de acuerdo con unas ideas, no quiere decir que desée prohibirlas.  Cuando se cae en algo así, se cae en el totalitarismo, en la censura.  ¿No estaban estos señores contra la SOPA? ¿Lo de la libertad de expresión sólo sirve para aupar a los altares a ricachones palurdos que te ayudan a ver Juego de Tronos antes de su estreno por toda la cara o cómo se come eso?

¿Alguien de Anonymous sabe lo que es el efecto Streisand