miércoles, 6 de junio de 2012

Opinólogos, futurólogos, economistas


Conozco a una persona que, años atrás, solía decir a sus amigos: “veo que te van a dar una colleja”. El aludido contestaba, “¿ah, sí?”, y recibía la sonora colleja. Desde entonces, aquella persona fue conocida en mi círculo de amistades como el Futurólogo. Cariñosamente, Futu. El hombre de las profecías autocumplidas.

Ha llovido mucho desde entonces. Hoy, a España, le están lloviendo collejas procedentes de muy diversos futurólogos, a la espera de ver cumplidas sus profecías. Un presidente del gobierno invisible y el pufo de Bankia y lo que podría arrastrar éste consigo, ha generado un bombardeo constante de amenazas de intervención al país. Entre estas amenazas, surgen con mucho entusiasmo las llamadas al apocalipsis habituales desde que empezó esta interminable crisis.

Con internet, lo que deja escrito un gurú de la economía es reproducido en miles de muros de Facebook. En Twitter, cada vez que alguien al que se le supone cierta autoridad, vaticina la peor de las situaciones posibles, el tema se convierte en Trending Topic. En radio, televisión, prensa escrita, se hacen eco de esa sensación y de los artículos que señalan a España como el centro de todos los males de Europa. Lo que realmente me parece sorprendente de todo esto, es que todo el mundo reproduzca la presunta información de este tipo sin aplicar un poco algo de pensamiento crítico a lo que ha leído. Por lo general, cuando alguien te dice que se avecina el apocalipsis del euro porque lo ha leído en internet, pienso en la frase típica de “es verdad, lo ha dicho un médico por la tele”.

Por eso, cuando escuché por primera vez hablar a Santiago Niño Becerra, busqué información sobre él. Descubrí que, de entre todos los futurólogos/economistas que hay en España, Niño Becerra ostenta el dudoso honor de ser un futurólogo profesional. Es astrólogo, además de economista, y dicen las malas lenguas que su método de estudio tiene más que ver con lo primero que con lo segundo. Su fama se debe más bien a que dice lo que algunos están deseando oír: se acerca el fin, señoras y señores. Por supuesto, al comprobar que el fin no acababa de aparecer, no dudó en posponerlo varias veces, y aún hoy, cuando parece que el rescate a la banca española es algo inevitable – y esperemos que sólo se quede ahí – ha vuelto a la carga.

Niño Becerra entra de lleno entre lo que entiendo es la opinología más prescindible. No hago ni caso a lo que suele decir, es a la economía lo que Javier Sierra es a la egiptología.

La lista de futurólogos economistas es tan larga como esta crisis terrible que arrastramos. Como en las últimas semanas, la situación económica ha sido como para matarnos a todos de un infarto, los rumores han corrido como la pólvora, y aún hoy es el día en que ninguno de ellos parece haberse confirmado. No importa. Eso de “el rumor es la antesala de la noticia”, es mentira, pero casi todo el mundo lo cree. Es una frase insensata, irresponsable, que ha quedado como una coletilla más. Me causan muchísima irritación los rumores en los medios de comunicación. Cuando se le otorga la categoría de noticia a un rumor,  imagino  un montón de personas portando antorchas, dispuestas a quemar una biblioteca. Los opinólogos son, en el peor de los casos, los que encienden la primera cerilla.

El artículo que llamó más mi atención en las últimas semanas sobre lo que está ocurriendo en España, que me ha llevado a escribir ésto, es el escrito en el Wall Street Journal por Matthew Lynn, quien también ha escrito un libro sobre la crisis titulado The Slump of 2008 to 2031 . El título es lo suficientemente apocalíptico como para que todo el mundo le haga caso. Lo ha dicho un señor en un libro, luego tiene que ser verdad. 

Mathew Lynn nos dice que España saldrádel euro antes que Grecia. Acojona, ¿eh? Bueno, cuando uno indaga en el artículo, se da cuenta de que tampoco es para tanto. El columnista desgrana una serie de razones que parecen apoyar su afirmación. No sabemos, como es costumbre, cómo ha llegado a opinar así sobre nuestro país, así que, como aquellos trabajadores de las agencias de calificación que declararon en Estados Unidos que ellos sólo dan su opinión, amparándose en la libertad de expresión, lo que nos dice Lynn es una mera opinión. Y las opiniones, son como el culo, todos tenemos una. 

Lo realmente sorprendente, no es que Mathew Lynn fuera en un principio más conocido en Estados Unidos como autor de novelas policiacas y de mercenarios ( los críticos literarios malérrimos dirían que escribe bolsilibros), además de opinólogo financiero y director ejecutivo de Strategy Economics.  Lo realmente llamativo es que Lynn suele fallar tanto o más que una escopeta de feria.

El medio elEconomista.es, de tendencias minarquistas o anarcocapitalistas, ha reproducido sus palabras en varias ocasiones. En este artículo, Lynn dice que Hollande provocará la próxima crisis. Lo dijo antes de las elecciones francesas, con dos cojones,  y sólo es una casualidad que dijera algo así, no tiene nada que ver con la posibilidad nada despreciable de que a Lynn le guste Sarkozy. O quizá sí.  El caso es que en este artículo, parece vaticinar el apocalipsis para Francia.

Como presidente [Hollande]puede resultar una catástrofe para la economía europea. No tiene ninguna experiencia en dirigir nada, plantea una anticuada política de toma prestado y gasta, tendrá una relación envenenada con Merkel y no ha mostrado señal alguna de entender la magnitud del cambio estructural que Francia necesita.

Eso de “no tiene ninguna experiencia en dirigir nada” es una falacia. Lo de la “anticuada política de toma prestado y gasta” deja bien a las claras las ideas del columnista del WSJ. La magnitud del cambio estructural al que se refiere, tan merkeliano, eso de austeridad kamikaze y recortes sociales, no parece que esté dando fruto alguno, más bien al contrario. Casi cabría decir que Merkel provocará la próxima crisis, o que ya la ha provocado. Pero parece que eso no importa, pues como a nuestro presidente, los cambios le parecen una cosa de la que veremos sus beneficios con el tiempo. Eso también lo sé yo. Tarde o temprano, la economía resurgirá de su letargo. Puede que tarde 4, 5, 10 ó 250 años, pero resurgirá. Con reformas o sin ellas, señor Lynn.

Por otra parte, alguien debería señalar a Mathew Lynn que la llegada al poder de Hollande no ha supuesto de momento apocalipsis alguno en Francia.

Nadie parece haberse puesto a mirar un poco la trayectoria de Lynn, ni parece que nadie se pusiera a leer otras predicciones suyas. Si alguien hubiera tenido la decencia intelectual de hacerlo, habría dado tarde o temprano con la megaprofecía de Mathew Lynn sobre el lanzamiento del iPhone el 14 de enero de 2007, que extraigo de aquí:


Para muchos de sus fans, Apple es más una religión que una compañía. Si sacan una iTostadora que descarga música mientras tuesta pan probablemente tendría la misma atención a nivel mundial.

No dejes que eso te haga pensar que importa; Los grandes competidores en la industria de la telefonía móvil, como Nokia Oyj y Motorola Inc. no van a ponerse nerviosos sobre una nueva amenaza a sus negocios.
Lo primero, es que Apple llega tarde a esta fiesta. La compañía no había inventado el ordenador personal o el reproductor de MP3, pero si estaba entre los pioneros de ambos productos. Ahora, no hay precisamente falta de teléfonos… hay ya grandes compañías que dominan ese mercado, y van a defenderse. Eso significa que Apple tendrá que luchar duro por cada venta.
Apple nunca ha sido muy buena trabajando con otras compañías. Si supiera cómo hacer eso, sería Microsoft Corp.
El iPhone es un producto defensivo. Está diseñado principalmente para proteger al iPod, que está siendo atacado por fabricantes de móviles que añaden reproductores de música en sus terminales.
Apple venderá unos cuantos a sus fans, pero el iPhone no va a dejar una marca en la industria a largo plazo.

Nivelazo.  Así que, señores de El Economista, señores del Wall Street Journal, señores que publicáis titulares amarillistas en las redes sociales, éste es vuestro profeta. Con la aguda mirada de un topo, el señor Lynn, autor de bolsilibros, ha gozado de una fama inmerecida por el mero hecho de augurar un apocalipsis en Francia y otro en España.

Por supuesto, pueden ocurrir las cosas que dicen estos señores que van a ocurrir. O no. Pero lo que ellos hacen, a ese nivel, podemos hacerlo absolutamente todos.

Todos los medios de comunicación, y más aún los medios de comunicación de la red, andan a la caza mundial del titular o la opinión más apocalíptica de la que hacerse eco. Esto contribuye notablemente producir el efecto pigmalión, que tanto daño está causando, y busca, deliberadamente o no, que nos amedrentemos.

Mathew Lynn no está más dotado que yo para que alguien tenga en cuenta sus opiniones. Tampoco está más dotado que tú. Cuestiónalo todo. Absolutamente todo, lo publique El Economista, El País, El Mundo, Diagonal o Público.

Es por tu bien.

Actualización a 9 de junio.  La banca española ha sido rescatada.  Ésta es la bazofia a la que nos han llevado las ideas como las del señor Lynn.  No es Hollande, es Merkel.  Ésta es "la  magnitud del cambio estructural" de la Sra. Merkel.