jueves, 7 de junio de 2012

El cráneo de Hitler


Últimamente he estado de un vagazo que asusta, y aunque quería escribir sobre muchos temas que me rondan por la cabeza, no lo he hecho. Hoy estaba escuchando la radio, y en el espacio de Radio 5 Polvo eres, de Nieves Concostrina, la locutora ha realizado un excelente miniespacio de unos 5 minutos sobre una noticia que hace un tiempo alimentó las ansias conspiracionistas de miles de personas por toda la red. El programa aún no ha sido colgado en la web de RNE, pero lo colgaré aquí en cuanto lo hagan.

Nieves Concostrina ha desmentido, con bastante gracia, la noticia propagada sobre el análisis de ADN realizado a los restos óseos de Adolf Hitler hace algunos años. Recuerdo que cuando leí esa noticia en internet y la escuché por la radio, se me encendieron todas las alarmas escépticas.  Busqué información al respecto, como de costumbre. Encontré alguna interesante, pero desistí de seguir buscando debido a otro período de vagancia suprema. Soy así, a veces me amodorro.

El programa radiofónico de hoy, me ha activado, y he decidido escribir sobre ello. En los escasos 5 minutos que dura Polvo eres, no dio mucho tiempo a desarrollar los hechos con amplitud, aunque deja bastante claro que la verdad no es ni mucho menos la que algunos desearían. Como de costumbre, vamos.

Bien, la supuesta noticia es ésta:


Ahora, profesores de la Universidad de Connecticut afirman que los estudios muestran que el cráneo pertenecía a una mujer, probablemente de entre 20 y 40 años.
El arqueólogo y especialista en huesos Nick Bellantoni indicó que sospechó de inmediato que el hueso pertenecía a una mujer debido a su estructura. Y su colega Linda Strausbaugh, directora del centro de genética aplicada de la universidad, aceptó realizar un análisis de ADN si conseguían una buena muestra.


Eva Braun, la entonces flamante esposa de Hitler, murió con 33 años junto a su marido, envenenada por el cianuro. No se atrevió a pegarse un tiro. Cuando leí la noticia, pensé que quizá eran los restos de la mujer, lo que tampoco daría como para una conspiración terrible. Si uno lee el artículo, puede llegar a la conclusión de que todo lo que nos cuentan es cierto, a pesar de que ningún enlace acompañe al texto, y a pesar de que nos mencionan a un presunto arqueólogo y especialista en huesos, Nick Bellantoni, lo que vuelve a recordarme aquello de "debe ser verdad, que lo ha dicho un médico por la tele".

Bellantoni es, efectivamente, arqueólogo en la universidad de Connecticut. El problema que tiene Bellantoni, es que tiene bastante cara dura, y ciertas tendencias maguferiles. History Channel ( canal que parece creer sinceramente que los círculos en las cosechas y los libros de Erich von Däniken son historia ) emitió una serie de documentales llamada MisteryQuest, programa que repesca y recicla los presuntos y manidos misterios del Triángulo de las Bermudas, las conspiraciones sobre Jack el Destripador, o la ufología en torno al lugar favorito de Fox Mulder, el Área 51. La Atlántida también tiene su programa en la serie.

Uno de los programas, titulado The Hitler Project, cuenta con varios expertos, entre ellos Nick Bellantoni. El programa insiste en la leyenda urbana de que Adolf Hitler no se suicidó, huyó a Argentina o algún otro lugar de Sudamérica y allí tuvo hijos, vivió feliz y contento y jamás se arrepintió de nada. Conspiracionismo manido, pues esta leyenda urbana ha sido explotada hasta la saciedad desde hace muchos años y jamás nadie aportó prueba alguna que apoyara la hipótesis. Tampoco es nada extraño, muchos siguen viendo a Elvis por las calles de Memphis.

Bien. El principal problema con el que cuenta Nick Bellantoni para demostrar que lo que dice es cierto, es que los restos de Adolf Hitler fueron incinerados en 1970 en la Unión Soviética, y sólo quedaron la mandíbula y algunos fragmentos del cráneo. 

Bellantoni afirma que recogió las muestras para analizar el ADN en un viaje a Moscú. Acompañado del equipo de producción de la productora Hoggard Films, asegura que cogió los restos a escondidas. El equipo tenía permiso para acceder a los archivos estatales de Rusia, y en un descuido de los vigilantes, el sagaz e intrépido Bellantoni, al más puro estilo Indiana Jones, se hizo con unas esquirlas del cráneo.  Ésto es como el dragón en el garaje de Carl Sagan. Tengo un dragón en mi garaje, pero es invisible y sólo yo puedo verlo.

Parece bastante claro que Bellantoni y sus muchachos estaban buscando hacer negocio, vender un documental, y entrar de lleno y sacando pecho en los muy sensacionalistas documentales del misterio de History Channel.

En éste enlace, se hace un intento de explicar la controversia. En él podemos leer que el general Jirstofórov, al parecer uno de los responsables de los archivos estatales rusos, dijo que nunca nos pidieron permiso para tomar muestras de ADN del cráneo y, aunque las llegaran a obtener, nos preguntamos con qué las compararían para aseverar que no son de Hitler. Así es, no hay forma de saber si son o no son los restos del dictador, y lo único que parece existir es la palabra de Bellantoni y un análisis de ADN que indica que algo perteneció a una mujer.

De ahí, y de algunos otros débiles indicios, el documental de History Channel extrae que Adolf Hitler salió de Alemania, viajó hasta Sudamérica y tuvo una vida feliz o algo parecido. Esto último es una leyenda urbana alimentada por el hecho innegable de que muchos criminales nazishuyeron a través del Vaticano o incluso desde España y acabaron susdías en Argentina, Venezuela o Chile.

 ¿Se imaginará el señor Bellantoni qué hubiera ocurrido si hubiera pedido permiso para analizar los restos? ¿Y si, además, los rusos hubieran accedido a ello? Estoy seguro que de haber ocurrido así, yo no estaría escribiendo esto, ni periódicamente nadie reproduciría un artículo periodístico de 2009 rememorando un misterio más flojo que el de las caras de Bélmez.

Por suerte o por desgracia, las tesis de Bellantoni y compañía son fantasiosas, y no parecen aportar prueba alguna de que lo que dicen es cierto. Adolf Hitler y Eva Braun están bien muertos, y algunos tienen un afán de notoriedad bastante indecente, y muchas ganas de hacer publicidad de un canal de televisión en medios ajenos.