martes, 16 de octubre de 2012

¿Tolerancia?

Uno.

Una mujer argentina de 32 años, fue secuestrada, prostituída, y violada.  Logró escapar de sus captores, pero quedó embarazada de algún violador.  En Buenos Aires, la ley permite que una mujer violada aborte legalmente.  Esto no fue impedimento para que el alcalde de la ciudad, una jueza prevaricadora y una turbamulta de fanáticos delincuentes religiosos comandados por el capellán de un hospital, irrumpieran en la habitación de la mujer para increparla e impedir que ejerciera su legítimo derecho.  Hasta montaron manifestaciones frente a la casa de sus padres, que ignoraban que su hija estaba embarazada.  

Afortunadamente, la razón se impuso, y la mujer secuestrada y violada pudo abortar. 

Dos.

Alber Saber administraba un grupo de ateísmo en Facebook, uno de los más numerosos de Egipto.  Un vecino chivato y musulmán metió el hocico en su ordenador, y lo descubrió.  Dos días después, una turbamulta de creyentes decidió manifestarse frente a su casa y amenazar a Alber y a su madre hasta el punto de intentar atacar la vivienda.  La madre, alarmada y temiendo por su seguridad y la de su hijo, llamó a la policía.  La policía se presentó en el domicilio, y arrestó a Alber Saber.  Ningún creyente amenazador fue detenido. 

Alber publicó en Facebook unos videos en los que analiza su falta de fe (copta).  Esta es la principal acusación contra él. 

Tres.

Malala Yousufzai, la niña a la que los talibán intentaron asesinar a tiros cobardemente por defender, con una valentía de la que los terroristas carecen, el derecho de las mujeres a recibir una educación en Pakistán, ha sido trasladada a Inglaterra para recibir un mejor tratamiento médico.  Los talibán han amenazado con atacarla de nuevo si se recupera, por defender el "pensamiento occidental".

Colofón.

Leí un artículo en El País el 12 de octubre titulado La libertad de expresión y sus límites, que los tiene.  Es el típico artículo buenista que nos advierte de que no nos podemos exceder en el uso de tal derecho, y que eso tiene consecuencias.  En resúmen: no se deben criticar las creencias ajenas.

El autor ignora que en España y otros muchos países existen leyes que limitan la libertad de expresión cuando ésta incluye la crítica a las creencias religiosas.  Nos dice que la libertad de expresión, es precisamente para expresar, no para provocar.  Ignora también que se puede expresar algo mediante la provocación, mediante la sátira o la ironía.  No hay, probablemente, muchas opiniones en el mundo que no provoquen a alguien.  El hecho de ejercer la crítica contra algo, necesariamente provocará reacciones entre quienes son partidarios de ese algo.  Legislar los sentimientos es ridículo.  Decir que no se puede provocar amparándose en la libertad de expresión, es decir que Charles Chaplin no debería haber realizado "El gran dictador", pues sin duda provocó algún tipo de reacción negativa en Adolf Hitler y sus muchachos.

Uno de los párrafos del artículo, dice
El otro aspecto a considerar es el de la evolución de las democracias árabes. El reciente discurso del presidente de Egipto, Mohamed Mosri, ante la ONU hubiera tenido mejores críticas en Occidente si, en lugar de hablar de la responsabilidad en el uso de la libertad de expresión, hubiera amparado el derecho de cada cual a insultar a cualquier figura religiosa, incluido Mahoma. Pero, pensar que Mosri u otro dirigente árabe, por muy moderno y prooccidental que sea, pueda dar ese paso es desconocer por completo la realidad del mundo actual.

Parece que el autor no se ha dado cuenta de que la mayoría de países que formaron parte de ese invento mediático llamado "primavera árabe", se encaminan peligrosamente hacia el abismo teocrático más o menos camuflado.  No ha habido una revolución árabe, es sencillo.  Tampoco parece saber el autor que no es la primera vez que en la ONU se pide la castración de la libertad de expresión, pidiendo la penalización de la blasfemia.  También ignora el caso de Alber Saber, como muchos otros medios occidentales.  Es un activista ateo, que se deje de joder.

Para terminar, pide paciencia con las incipientes democracias árabes.  Que pueden ser incipientes, pero no son democracias.  Alber Saber no tiene tiempo, ni debería tener paciencia.  Malala está en un hospital de Inglaterra luchando por su vida pacientemente porque no le queda otro remedio, y sigue amenazada de muerte por locos religiosos.

Y mientras, en occidente, delincuentes provida irrumpen en un hospital comandados por el capo ( capellán ) del mismo y alentados desde las instituciones por un alcalde y una jueza delincuente, humillando aún más a una mujer que ha sufrido lo indecible.  Los delincuentes provida no son moralmente superiores a las personas que secuestraron, prostituyeron y violaron a la mujer argentina. 


Buena parte de todo esto no habría sucedido sin religión.  Entre otros muchos, las religiones, que se pretenden diferentes entre sí hasta el punto de estar dispuestos sus adeptos a matar para demostrarlo, tienen dos puntos en común: la misoginia y el odio al no creyente.  Otro día escribiré sobre su intransigencia, su homofobia y su rechazo abierto a la razón.  Unos usan las armas, otros no las usan porque en sus países lo tienen estrictamente prohibido.  

Es curioso que tanto unos como otros recurran al anonimato de las turbamultas fanatizadas, acechando las viviendas en actitud linchadora de quienes no piensan como ellos.

Yo no tengo paciencia, ni pienso renunciar a parte de mi libertad para expresarme.  Para provocar.  Para señalar que, si bien las creencias religiosas son ridículas, también son extremadamente peligrosas.  Mucho más que un aborto, mucho más que una niña de 14 años, mucho más que un ateo que dice lo que piensa en Facebook.  El peligro no está en los muertos ni en las mujeres violadas ni en los blasfemos.  Ninguno de los tres que aparecen en este post, ejerció violencia alguna.