sábado, 16 de febrero de 2013

Demagogia.

Un fantasma recorre España, el fantasma del populismo.

Existe una opinión que se va extendiendo uniformemente por toda la sociedad.  El gobierno no ha hecho absolutamente nada para acabar con la monstruosa cifra de parados que soporta nuestro país, y vive en una burbuja impermeable a los problemas de los de abajo.  Día tras día, nos despertamos con algún escándalo de corrupción política, aunque lo cierto es que en España, el problema no es que los políticos sean más corruptos que en el resto de la UE, el problema es la impunidad con la que se comete el choriceo.  Así, tanto los medios de comunicación como el gobierno, están fomentado ese rumor populista, esa frase de tasca maloliente donde se mira el fútbol pero no se miran las noticias con detenimiento, y se habla de política cuando lo que realmente lleva cada españolazo en su interior es un entrenador del Real Madrid: la culpa es de los políticos. Así, sin matices de ningún tipo.

En el trabajo, en la frutería, en el restaurante de polígono, en la cola del cine, en el estanco, en la calle, lo que escucho a diario es que la culpa de todo la tienen los políticos. El término fascista "casta política", tiene como objetivo claro el desprestigio de la política, no de los políticos, señalándo a éstos como una clase al margen, y los culpables de todos los males.  "Usted haga como yo, no se meta en política", decía Francisco Franco.  Y no seré yo quien diga que los políticos no tienen su parte de culpa en lo que está ocurriendo, que la tienen, pero sí digo que ni toda la culpa es suya, ni todos los políticos son iguales.  Reto desde aquí a cualquiera a que lo demuestre, que demuestre que todos, absolutamente todos, son iguales.  Del partido que sean, me es indiferente.

Todavía hoy, en mi lugar de trabajo, tengo que escuchar la mentira de que en España tenemos 450.000 políticos.  Todavía hoy tengo que escuchar la soberana estupidez de que el pufo español es debido a los sueldos de los políticos.  Nadie señala que el pufo español es en su mayor parte, privado.  Eso no interesa, interesa atacar lo público, y ahí entran, también, los políticos.

Detrás de estos mensajes mediáticos y gubernamentales, detrás de Rosa Díez, que después de toda una vida ejerciendo la política y cobrando dinero del Estado, aún hoy habla de los políticos en tercera persona, hay una intención.  La intención del desprestigio de algo que no sólo es útil si se hace bien, también es muy necesario: la política.  Porque los problemas no se solucionan esperando a que caiga el maná del cielo, y política es mucho más que Bárcenas.  Salir a manifestarse, por ejemplo, es hacer política.  No es casualidad que el gobierno de la Comunidad de Madrid critique siempre las manifestaciones por tener una intención política.  Por supuesto que tienen una intención política, de eso se trata.

Lo realmente sorprendente, lo que suele dejarme con los ojos como platos, es que no veo en las redes sociales tanto señalamiento a los mercados financieros como a los políticos.  Sí, esos mercados que juegan con los países, esos que provocaron la burbuja inmobiliaria, los mismos que hundieron el sistema financiero de Estados Unidos, los bancos alemanes que pagaron el despropósito inmobiliario español, y que se apoyan en las fuerzas del Estado para desahuciar a quien no puede pagar su hipoteca.  Llevamos varios años viendo la profunda corrupción que corroe desde hace mucho a la patronal CEOE, cuyo máximo responsable hoy ha sido uno de los fomentadores de la reforma laboral que está desangrando España.  Hay muchos culpables, pero casualmente hay algunos de ellos cuya notable influencia suele gozar de una popularidad efímera que elimina cualquier posibilidad de que les señalemos.

Por eso, cuando veo que algunos aplauden la ridícula medida gubernamental para eliminar la mayor parte de los sueldos de los concejales españoles, y, sin embargo, no tocar demasiado los sueldos de altos cargos, me puede la mala leche.  Porque es una medida populista, como la de Cospedal de quitarles el sueldo a los diputados manchegos.  Te están diciendo lo que quieres escuchar, así de simple.  Y es una medida que no va a reducir el déficit del país notoriamente, la mayoría de concejales no cobra ni un duro por ello.  Así, el gobierno ha dado un hachazo a la política precisamente en una semana en la que la corrupción de las altas esferas del PP ha copado todas las portadas de los periódicos.  Si vas a estar satisfecho con algo así, recuerda que si los que representan al pueblo no van a cobrar por hacerlo, es decir, se persigue directamente el desprestigio de la política local, estaremos ante una vuelta a tiempos pretéritos en los que únicamente quien tenía dinero podía acceder a la política, y sólo quien tenía propiedades tenía derecho al voto.  Y, obviamente, barría para casa.  Si esto ya sucede hoy, aún en menor medida, ¿qué piensas que ocurrirá si esto se generaliza? Cuando se critica la puerta giratoria por la que algunos políticos entran en lo público para luego meterse en lo privado como directivo, y se aplauden medidas como las que anunció ayer el Consejo de Ministros, se cae en una contradicción.  Lo que está haciendo el gobierno es reducir el margen de maniobra para cambiar las cosas, y barrer para los mercados, para el FMI y otros organismos que, paradójicamente, viven de la financiación pública.

Hay miles de personas ejerciendo la política en España honradamente.  Personas que dejan parte de sus vidas a un lado para hacer algo en lo que creen.  Pero no salen en los periódicos, ni se les lleva a un debate nocturno de los sábados para decir lo que la turbamulta quiere escuchar. 

domingo, 10 de febrero de 2013

Lo que diga un idiota.

Esta semana hemos asistido a la defecación intelectual de uno de los hombres peor peinados de España, Juan Rosell.  Como suele ser costumbre entre los de su clase, que incluye también a tertulianos como Alfonso Rojo o Hermann Tertsch, sus afirmaciones no se basan en datos, se basan en lo que les sale de los cojones, que no son contrastables ( al menos para el que esto escribe ). 

Juan Rosell, con el pelo recién lamido por una vaca.
Además de las mentiras y alegres ocurrencias de Rosell, que dirige una organización empresarial cuyo primer presidente no era empresario, que tuvo un hijo hoy detenido por fraude, y cuyo segundo presidente hoy está en la cárcel por robar, también ha dado su opinión sobre los minijobs.

He encontrado en Twitter a unos cuantos personajes que apoyan los minijobs.  Para entendernos, un minijob es un curro de mierda en el que trabajas poco, te pagan menos, y mediante el cual jamás lograrás vivir con dignidad. 

El diputado de UPyD, Carlos Martínez Gorriarán, dijo en su cuenta de Twitter que es mejor un minijob que no tener trabajo y cobrar 0 euros.  Tiene razón. Voy a explicarlo:

-  Es mejor que te corten un sólo brazo con una sierra mecánica, que los dos.

-  Es mejor que te disparen en el abdomen una sola vez que dos veces.

-  Es mejor ser parapléjico que tetrapléjico.

-  Es mejor que te saquen un ojo en lugar de los dos.

-  Es mejor una penetración anal estándar, que una doble, aunque eso va en gustos.

Y así podríamos continuar hasta el infinito, y eso no convertiría los minijobs en otra cosa que un negocio de puta madre para el empresario y un trato de servidumbre para el trabajador.

El PP ha admitido que baraja la posibilidad de implantar los minijobs para frenar el paro juvenil.  En España, eso se traduciría como una eternización de puestos de trabajo precarios sin posibilidad de acceder a mejores condiciones alguna vez.  Los empresarios españoles van por ahí como si su mierda no oliera, como si ellos no tuvieran nada que ver con la sangría del paro, por eso Juan Rosell niega la veracidad de la Encuesta de Población Activa, demostrando, de paso, que no tiene ni puta idea de que su propia organización ha refrendado la validez de dicha encuesta.  El mismo tipo que jaleó la reforma laboral que ha provocado 850.000 parados en un sólo año, el mismo que da consejos al gobierno, el liberal que dirige una organización que cuesta más dinero público que el Senado y el Congreso juntos, debería, al menos, callarse por decoro.  No vaya a ser que algún día tengamos un estallido social y le pasen a cuchillo.