domingo, 10 de febrero de 2013

Lo que diga un idiota.

Esta semana hemos asistido a la defecación intelectual de uno de los hombres peor peinados de España, Juan Rosell.  Como suele ser costumbre entre los de su clase, que incluye también a tertulianos como Alfonso Rojo o Hermann Tertsch, sus afirmaciones no se basan en datos, se basan en lo que les sale de los cojones, que no son contrastables ( al menos para el que esto escribe ). 

Juan Rosell, con el pelo recién lamido por una vaca.
Además de las mentiras y alegres ocurrencias de Rosell, que dirige una organización empresarial cuyo primer presidente no era empresario, que tuvo un hijo hoy detenido por fraude, y cuyo segundo presidente hoy está en la cárcel por robar, también ha dado su opinión sobre los minijobs.

He encontrado en Twitter a unos cuantos personajes que apoyan los minijobs.  Para entendernos, un minijob es un curro de mierda en el que trabajas poco, te pagan menos, y mediante el cual jamás lograrás vivir con dignidad. 

El diputado de UPyD, Carlos Martínez Gorriarán, dijo en su cuenta de Twitter que es mejor un minijob que no tener trabajo y cobrar 0 euros.  Tiene razón. Voy a explicarlo:

-  Es mejor que te corten un sólo brazo con una sierra mecánica, que los dos.

-  Es mejor que te disparen en el abdomen una sola vez que dos veces.

-  Es mejor ser parapléjico que tetrapléjico.

-  Es mejor que te saquen un ojo en lugar de los dos.

-  Es mejor una penetración anal estándar, que una doble, aunque eso va en gustos.

Y así podríamos continuar hasta el infinito, y eso no convertiría los minijobs en otra cosa que un negocio de puta madre para el empresario y un trato de servidumbre para el trabajador.

El PP ha admitido que baraja la posibilidad de implantar los minijobs para frenar el paro juvenil.  En España, eso se traduciría como una eternización de puestos de trabajo precarios sin posibilidad de acceder a mejores condiciones alguna vez.  Los empresarios españoles van por ahí como si su mierda no oliera, como si ellos no tuvieran nada que ver con la sangría del paro, por eso Juan Rosell niega la veracidad de la Encuesta de Población Activa, demostrando, de paso, que no tiene ni puta idea de que su propia organización ha refrendado la validez de dicha encuesta.  El mismo tipo que jaleó la reforma laboral que ha provocado 850.000 parados en un sólo año, el mismo que da consejos al gobierno, el liberal que dirige una organización que cuesta más dinero público que el Senado y el Congreso juntos, debería, al menos, callarse por decoro.  No vaya a ser que algún día tengamos un estallido social y le pasen a cuchillo.