lunes, 15 de abril de 2013

Espantaviejas y modernos


No estaba en mi cabeza volver a dedicarle una entrada al presunto escritor Enrique Rubio.  Pero dado que parece haberme confundido con un cibernovio con el que pelearse en Twitter, voy a dejarle mal otra vez.

Sin venir a cuento, me ha mandado un tuit:




Yo acababa de llegar del trabajo y estaba un poco empanado, pero después de leer la entrada en su blog, me he dado cuenta de que lo que le pasa es que tiene la enfermedad conocida como sostresismo.  Sí, como aquello de que las becas Erasmus huelen a semen.  Imagino que anda esperando su turno para entrar de tertuliano en Telemadrid, pero como no se apresure se la van a cerrar.

La obsesión patológica que tiene con una supuesta dictadura progre, le lleva a escribir cosas como la famosa entrada de los coños en la boca y las minifalderas que buscan polla, y ahora, una sobre los discapacitados.  La razón por la que siente la necesidad de darme a conocer su escrito, es el amor, no me cabe duda.

Su visión de lo que cree que pensamos en la izquierda que es igualdad, es infantiloide.  Igualdad simplemente implica igualdad de derechos y obligaciones.  Obviamente no todos tenemos capacidad para ser lo que se nos plante en las narices en esta vida, aunque luego entraré en eso.

En fin, el escrito enlazado arriba, tiene un párrafo posterior a la ristra de insultos a la gente de izquierdas que suelen abrir sus elucubraciones pseudocientíficas.   Aquí lo tenemos.

Pincha para ver más grande el mojón.
Pasaré por alto que es más que obvio que muchos Papas han tenido serios problemas mentales e ideas afines a las de Enrique Rubio.  El problema es que Enrique  que cree vivir por encima del bien y del mal, y piensa que escribir no lleva detrás un trabajo de investigación.  Incluso cuando escribimos ficción, investigación hay, o debería haber.  Si estuviera más preocupado de escribir un texto con calidad que de asustar a jubiladas y jugadores de petanca septuagenarios, se habría evitado mi contestación:



Vi a René Lavand por primera vez en televisión hace muchos años.  Juan Tamariz lo llevó a su programa - no recuerdo en qué cadena de televisión se emitía - e incluso creo recordar que salió en el 1,2,3 alguna noche.  Recuerdo lo fascinado que me quedé viendo al mago manco, y hoy de vez en cuando me repaso algunas intervenciones suyas en Youtube.  No se puede hacer más lento, decía:



Luego me han venido a la mente otros portentos, y he lamentado no haberme acordado de ellos debido a mi empanamiento post laboral.  Pero le he recordado algo más tarde que el DJ Pascal Kleiman no tiene brazos.  Prefiero que me claven destornilladores al rojo vivo en los oídos que escuchar su música, pero creo que nadie podrá decir que el tío no tiene su mérito.

Brian Wilson, líder de los famosos Beach Boys, es sordo de un oído, lo cual no le impidió ser el principal compositor y arreglista de la banda.  El compositor inglés Ralph Vaughan Williams terminó 5 de sus 9 sinfonías con 70 años, y se estaba quedando sordo como una tapia.  La lista es larga.



¿Quiere decir esto que los individuos no tenemos limitaciones y que podemos ser lo que queramos sin importar nuestras aptitudes? No.  Pero sí quiere decir que es muy fácil generalizar y prescindir de cualquier matiz a la hora de ponerse a escribir un texto.  Todos deberíamos ser conscientes de nuestras limitaciones.  Nadie presiona a una persona que mide poco más de un metro para que intente entrar en la NBA.  Incluso los que se creen escritores y no están dotados para ello deberían ser conscientes de sus limitaciones.   Pero la cuestión es que Enrique alude también en su texto a los "normales" y sus limitaciones.  El pensamiento es claro: no te esfuerces, deja que los que tenemos talento hagamos lo que sabemos hacer, que para eso hemos nacido con él.  Déjanos dominar el mundo en nuestra cúpula de cristal y deja que nos entrevisten en Radio3.

En fin.  Si Enrique Rubio quiere realmente ejercer el sostresismo, lo que debería hacer es dejarse de mandangas y entrar de lleno a ello con algo así:  "los niños con el síndrome de Down son mongolos que deberían vivir en una jaula".  Queda menos cool , pero quizá más fiel a lo que le pasa por la cabeza.