martes, 4 de junio de 2013

Terrorismo antiabortista.

Aunque me duele la boca de decirlo y las manos de escribirlo, el aborto no tiene nada que ver con un genocidio, y compararlo con el Holocausto es propio de palurdos ignorantes o bien malas personas.  Puede que ambas cosas.   En el III Reich el aborto estuvo prohibido, y a partir de 1943, se penaba con la muerte.

Cuando los misóginos antiabortistas se plantan frente a una clínica a insultar a las mujeres y a los trabajadores y trabajadoras de esa clínica, en los medios sólo suelen salir sonriendo con miradas vacías, y todo parece una fiesta del amor, yo tengo un amigo que me ama, su nombre es Jesús, pon la mano en la mano de aquel y todo eso que me causa escalofríos.  

Pero a veces, y aunque ellos no suelen comentarlo, generar odio de esa manera, odio fomentado desde los púlpitos cristianos, puede llevar a más de un lunático a ver en su señalamiento a las clínicas, un punto de mira en el que poner una bala, y la consecuencia es el terrorismo cristiano.

No sólo de la yihad vive el terrorismo religioso.  El terrorismo cristiano existe.  Por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender, en los medios de comunicación habituales, cuando un cristofriki pone una bomba en una clínica, no tenemos sesudos debates televisivos al respecto ni ocupa las principales portadas de los diarios.

Terrorista cristiano.
El zampapanes de la derecha, es  Will Scott Roeder.  Es un asesino cristiano antiabortista.  Su espeluznante caso se puede leer en la wiki en inglés, así que no diré mucho más sobre él.  Únicamente señalaré que antes de ponerse a disparar a personas, se dedicaba al boicoteo de clínicas donde se practicaba legalmente el aborto.  Su víctima, George Tiller, no debió sorprenderse mucho, pues ya había sufrido otros tres atentados cristianos, uno de ellos con bomba.

La lista de atentados contra médicos, clínicas, y lo que pasara por allí, a manos de integristas cristianos es bastante larga.  Esa lista suele estar llena de fanáticos evangélicos, y donde suelen actuar es en Estados Unidos.  Pero antes de que los católicos se cuelguen una medalla y salgan a la calle a llamar puta a una mujer que quiere abortar, hay que señalar que no sólo los evangélicos se dedican a estas cositas.

Santiago Barambio, Presidente de la Asociación de las Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI), admitió en una entrevista, el 22 de abril de 2013, que los grupos integristas religiosos ( grupos antiaborto ) pusieron dos bombas en su centro.  Es poco probable que unos tarados evangélicos estadounidenses decidan venirse hasta aquí, suponiendo que no confundan el lugar y acaben en México, para poner una bomba o dos.  Cada país tiene el integrismo religioso que le corresponde.  Uno de los atentados en la clínica de Barambio, acabó en un incendio, 10 años atrás, y según sus palabras "La muerte en EE UU del doctor George Tiller por practicar abortos ha pasado desapercibida en España, pero es algo que aquí ya está pasando. Vale, todavía no nos han matado, pero un hombre prendió fuego en mi clínica hace 10 años y aún no se ha juzgado. Ya está bien. Tenemos que empezar a decir basta".

Efectivamente, en España estas cosas no se mencionan.  Es por respeto a las creencias, por ser políticamente correcto y por ser gilipollas.

Ni que decir tiene que en cuanto un cristofriki lea esta entrada, dirá que un verdadero cristiano no hace eso.  Claro.  Ni ningún escocés verdadero.