sábado, 6 de julio de 2013

Por no invertir en ciencia.

Ayer tuve una especie de minidebate en Facebook sobre si la inversión pública en ciencia impide su avance.  Siempre he pensado que esto es una estupidez, y realmente los que se oponían a la inversión pública hablaban nada menos que de intervencionismo, y al menos uno de ellos insinúo que soy estalinista y que siento cierta debilidad por el infame Lysenko.  Todo ello porque recordé que hubo un tiempo en el que la Unión Soviética ganaba por goleada la carrera espacial frente a Estados Unidos.  Esperaba que en cualquier momento me mandaran a Cuba o a Corea del Norte a vivir, o a doblar el lomo en el Gulag.

No es que yo sienta muchas simpatías por el estalinismo precisamente. El caso Lysenko ha sido explicado muchas veces, mucho mejor de lo que yo lo explicaría, aquí por ejemplo. Sólo diré que es un caso significativo de como un imbécil puede medrar haciendo pasar ideología por ciencia, lo que, como es el caso, tuvo consecuencias nefastas.

Bien, los ataques más virulentos hacia mi persona en este blog, han venido siempre de estalinistas - como el amigo homófobo estalinista que me acusa de progre primero y de fascista después- y de liberales - como el que insistía una y otra vez en sacarme la declaración de que soy estalinista y cuando no pudo me llamó "progre" - así que estoy curtido en insultos de varios bandos y a estas alturas me la pela bastante lo que deduzcan falazmente de mi forma de pensar a partir de algunas palabras.

El caso es que algunos no saben diferenciar entre democracia y estalinismo, ni entre izquierda y estalinismo, y establecen equiparaciones ridículas entre estados democráticos y Stalin, porque todo el mundo sabe que si Stalin dirigía un Estado totalitario, todos los estados lo son.  Por supuesto, esto es mentira, pero es difícil hacérselo entender a los ultras de diverso pelaje.

Pese a que es cierto que la Unión Soviética fue la primera potencia en poner un satélite en órbita, también es cierto lo de Lysenko.  Pero resulta que deducir que señalar una realidad como esa, quiere decir que te alegras del efecto que causó la pseudociencia de Lysenko, es una falacia bastante monguer, no digamos ya la acusación de que me alegro de que mucha gente muriera de hambre gracias a él.


La afirmación de mis interlocutores de que el "intervencionismo" ( confundir inversión pública con intervencionismo es otra cosa monguer ) limita o daña la investigación científica es falso.  Tan falso como decir que la inversión privada hace lo mismo. 

Resulta que Steven Weinberg, premio nobel de física, en su libro El sueño de una teoría final, dedica algunas páginas a este tema.  También explica muchas cosas sobre el modelo estándar de la física de partículas para que lo entiendan tipos burros como el que esto escribe.

Weinberg creía que era necesario construir un gigantesco acelerador de partículas en Estados Unidos, para dar con el famoso bosón de Higgs entre otras cosas.  Hasta habló en el Congreso de su país defendiendo su construcción apasionadamente.  El Supercolisionador Superconductor (SSC), estaba sufriendo continuos retrasos y salía bastante caro a ojos de los congresistas, por lo que el proyecto se abandonó en 1993, ante la frustración de muchos físicos como Weinberg. 

Estoy buscando el libro entre el océano de ellos que tengo a mi alrededor y no soy capaz de dar con él.  Pero sí recuerdo unas palabras de Weinberg: la inversión privada no suele financiar ciencia básica.  

 
Todo esto pasó, y con el tiempo, se ha hecho evidente que Weinberg tenía razón.  En Europa, gracias a la inversión pública de docenas de países, se construyó el Gran Colisionador de Hadrones, y sus resultados hasta el momento, están siendo muy exitosos.  Tanto, que han dado con el bosón de Higgs.  Y tanto, que gracias a su construcción tuve la suerte de encontrar un trabajo hace ya más de 8 años, trabajo que aún conservo, aunque en otro puesto,  a pesar de la crisis.

Lo que pasa es que con el bosón no se invierte en bolsa, y eso frena el progreso, eh.  Ojo ahí.

Los exorcistas.

Un exorcista es un señor, casi siempre un sacerdote católico, que se dedica a torturar a personas con graves enfermedades mentales con la excusa de que les ha poseído un demonio y tienen que salvar su alma.  

Desde que la película de William Friedkin ( El exorcista, no French Connection ) se convirtió en un éxito de taquilla allá en 1973, los exorcistas católicos son muy peliculeros.  Es más, si uno sigue a dos de los más populares, se dará cuenta de que son conscientes de lo mediáticos que son.  

El mentirosillo padre Amorth, por ejemplo, se hace fotos así:

Uuuuuuh, qué miedo.
Y el padre Fortea, que admite públicamene que la película de William Friedkin es una de sus favoritas, se las hace así:  
No, no es Jorge de Burgos, es el padre Fortea.

Ninguno de los dos puede probar que ha curado endemoniados de ningún tipo.  Lo más lógico es pensar que ambos son ignorantes de la salud mental, en el mejor de los casos, y unos cabrones torturadores en el peor.

De todos modos, si algo pueden tener en común dos sacerdotes que se dedican o dicen dedicarse a arrancar demonios de la carne mortal, es que viven en un mundo de fantasía católicofascista.  Es lo normal, dado su oficio.

El padre Amorth dice, sobre el reciente caso de un presunto poseso mexicano que fue presuntamente exorcizado por el Papa Francisco:  "es realmente un alma de Dios de la cual el Señor se sirve para reprochar a México por la legalización del aborto". 


El padre Fortea dice sobre el aborto:  "El modo en que se sacrifica a un gato o a un perro en el veterinario es indoloro. El modo en el que se destroza a los niños en el vientre de las madres es espantoso. Esos niños mueren peor que devorados a lentos mordiscos por la más cruel de las fieras."  Esto que dice es mentira, con la ley del aborto actual, no hay sufrimiento alguno, pues los plazos impiden que se aborte cuando el feto es capaz de sentir dolor.  En la semana 14, no hay dolor que valga, y en el caso de grave riesgo para la salud de la madre o el feto, hasta la semana 22, y tampoco hay dolor.  No sé si algún perro mordió alguna suculenta parte de la anatomía de Fortea, pero estoy seguro de que ni él se cree esa mierda.

Y así, estas dos momias - una milenaria, la otra algo menos - que han visto como Carmen Porter y su santo, Iker Jiménez, han contribuído enormemente a su elevación al estrellato, no es de extrañar que vean un esquizofrénico y se hagan la picha un lío.  

Recordad sus opiniones cada vez que veáis a alguno de los dos fantasmas en la televisión.