jueves, 22 de agosto de 2013

Chester, el analfabeto.

Chester era un negro enorme: medía 198 centímetros y pesaba casi 140 kilos.  Su presencia imponía, y destacaba allá donde fuera.  Tenía unas manos como palas, y un productor de música dijo, después de verle por primera vez,  que jamás había visto unos pies tan grandes como los suyos.

Se había criado en el Mississippi rural en condiciones muy duras.  Como era negro, pobre, y enorme, no pudo hacer mucho más en la vida que trabajar en los peores trabajos que podía encontrar.  Cuentan que de niño, andaba con harapos y descalzo buscando la comida sobrante que dejaban los obreros de las vías del ferrocarril para poder sobrevivir.  

Chester no tuvo acceso a una educación.  Bastante tenía con pensar en si iba a poder comer a diario.  Cuando creció, le dijo a un entrevistador:

No soy muy listo, ¿sabes? Puedes coger toda mi inteligencia, meterla en una bolsa de papel, y sonará como dos moneditas

Cuando ya contaba más de 40 años, se presentó en unos estudios de grabación.  Chester tocaba la guitarra, la armónica, y cantaba con una voz ruda y potente, que salía de su enorme cuerpo para dejar a todo el mundo temblando.  

Se convirtió en un bluesman de éxito.  Aunque ya no tenía problemas de dinero, era muy consciente de su procedencia miserable.  Y más aún de sus dificultades para leer, escribir, y las matemáticas más básicas.

Por la noche, la gente tal vez se sorprendía de encontrar a aquel hombre descomunal en una escuela para adultos, un hombre descomunal que ya era un músico conocido. Otros en su situación, - como John Lee Hooker, se me ocurre - no parecían darle mucha importancia a su educación.  Pero Chester sí, mucha.  Tanta, que cuando llegó a ser reconocido internacionalmente, seguía empeñado en acudir a la escuela nocturna para compensar sus carencias educativas.  Tanta, que estuvo estudiando para ello casi hasta su muerte, en 1976. No le hacía falta para vivir, pero el siguió y siguió estudiando.

Pero no es sólo por eso por lo que admiro a Chester Arthur Burnett, más conocido como Howlin' Wolf,  aunque desde luego, no me negaréis que el hombre tenía su mérito. Además, era uno de los grandes del blues, y su música, como podemos ver a continuación, sigue ahí para que la disfrutemos, y no ha perdido ni un ápice de su fuerza.  En directo era una mala bestia.   Y si no te gusta, eres un ignorante.  Ponle remedio, como hizo él en peores condiciones que tú, joder.