miércoles, 28 de agosto de 2013

Héroes de la clase obrera.

Vivo en un barrio de esos de protección oficial, que en los años 80 fue una colonia de toxicómanos que poco a poco han ido acabando en la cárcel o en la tumba.  En Alcalá de Henares, a la entrada llegando desde Madrid, hay una bonita rotonda en cuyo centro se puede leer "Alcalá de Henares, Patrimonio de la Humanidad".  

Un poco antes del cartel, hay un parque.  El parque está más o menos cuidado y limpio.  Cuando voy a trabajar por las mañanas paso por ahí, andando.  A un lado, la carretera, desde la que los turistas son bienvenidos a la ciudad con flores que se cambian frecuentemente.  Los jardineros y los barrenderos están trabajando allí a esas horas.  Justo en el otro lado, está mi barrio.  

Mi barrio está descuidado.  El mobiliario urbano, demasiadas veces o está roto o no existe. Hay papeles, mierdas, botellas rotas, y todo tipo de desperdicios por el suelo.  Las malas hierbas crecen en estado salvaje.  Los árboles crecen sin control alguno, y cuando es demasiado tarde para salvarlos, el ayuntamiento envía a unos señores con motosierra y los cortan.  

¿Es más guarra o incívica la gente que visita el parque a la entrada de Alcalá que la que vive en mi barrio? No.  Generalmente, es la misma gente del barrio la que acude al parque.  Pero es muy extraño ver un barrendero o un jardinero aquí a diario.  Si alguien viene al barrio y luego al parque, o al centro histórico de la ciudad, se llevará una impresión muy negativa del lugar donde vivo.  Uno puede ser un delincuente o un vago en cualquier lugar del mundo, pero en barrios como el mío el ambiente es muy propicio para ello.

Evidentemente, no podemos cargarle el muerto de todo lo que ocurre aquí a otro.  Pero lo cierto es que aquí hay un abandono casi absoluto que no veo en otras zonas de la ciudad.  Así, cuando vemos uno de esos insoportables y sesgados programas de televisión tipo "Callejeros", se nos muestran estas vergüenzas en todo su esplendor, y rara vez se muestran aspectos positivos del lugar, aunque al menos en el mío, los aspectos positivos son cada día menores.

Hace unos meses leí Chavs, la demonización de la clase obrera.  Durante este tiempo, he seguido con atención algunas controversias de comunistas españoles sobre el libro.  Todo giraba en torno a la interpretación que se le daba al mensaje que el autor,  Owen Jones, trata de transmitir.

Lo cierto es que yo mismo me he reído a menudo de los canis españoles, que son más o menos el equivalente a los chavs.  El libro analiza el trato que se les da en los medios de comunicación, y como la estereotipación de las clases trabajadoras pretende apartar una realidad, satanizando a una parte de la población y extendiendo el prejuicio hacia todos los que vivimos en un barrio como el mío, sin ir más lejos.

"Callejeros", "Hermano Mayor" y muchos otros programas explotan eso hasta la náusea.  Visitan lugares como mi barrio para grabar los peores rincones y las peores actitudes de quienes viven en ellos.  Ambos programas ocultan la realidad, también existente, de trabajadores que no se dedican a trapichear con jachís o a gritar a sus padres.  Tampoco suelen contar el porcentaje de paro que hay en esas zonas, ni de qué vive quien no trapichea, ni si las instiuciones se pasan por allí alguna vez.  La gente se avergüenza de sus orígenes por compartir espacio con tan insufribles protagonistas.  El libro de Owen Jones cita una frase de Tony Blair que explica bastante bien esta ceguera voluntaria: "ahora todos somos de clase media".

Por supuesto, es mentira. En mi barrio nadie es de clase media.  Pero la frase está bien pensada.  Nadie quiere pertencer a una clase como la mía.  Y hay gente de clase trabajadora que se ha tragado el cuento.  Mientras leía Chavs, me asombró el parecido con lo que veo en mi barrio y en mi país.  Salvando las distancias, Jones narra lo que yo veo a diario.  Así que, como leí por ahí, ¿quienes son los de abajo?

Si nos atenemos a los que dicen que hoy todos somos de clase media, los de abajo son los que se niegan a ser de clase media, un reducto de palurdos ingobernables que parasitan al Estado. Esto es muy conveniente, porque el mensaje ha calado entre trabajadores que no son canis ni nada por el estilo, y que llegan a sentir que realmente son de clase media.  Pero la realidad, es que los de abajo somos los de siempre, los asalariados.  Los trabajadores.

En España, prácticamente solo existen en televisión en forma de adolescentes problemáticos en el paro, yonquis de extrarradio, o gente que grita mucho y tiene prejuicios abyectos, como en la ficción Aída.  Mirad la televisión y contadme si hay un sólo programa que retrate la realidad de un trabajador o de un barrio obrero.  Cuando lo hay, es una rarísima excepción.  Muy pocas veces he visto reflejada mi realidad como trabajador en la televisión de España.  Hace años, esperaba como agua de mayo las nuevas películas de Ken Loach, pues en ellas veía una realidad que había vivido en mis carnes y había visto a mi alrededor infinidad de ocasiones o que al menos me resultaba cercana. El protagonista de Sweet Sixteen, es un chav, sin ir más lejos.  Y es escocés.

Llevo más de 8 años con el mismo empleo.  Pero recuerdo que en algunas entrevistas de trabajo, me preguntaban con los ojos muy abiertos si realmente vivo donde decía vivir.  Y cuando me preguntaban eso, sabía que no me iban a llamar.  Eso es así.  Mi actual trabajo lo obtuve porque la persona que me entrevistó no es de Alcalá de Henares.  No sabía nada de mi procedencia, más que una calle y un número.

Todos nos reímos mucho cuando sale un yonqui hablando a la cámara mientras se fuma un chino.   O nos escandalizamos cuando un cani rompe a patadas la puerta de su habitación porque su madre no le da pasta para porros.  Todos nos reímos mucho, incluído yo, cuando leemos las patadas gramaticales que cometen los canis y pokeros. Nos reímos de su indumentaria, de sus valores, de todo.  Y sí, hay aspectos bastante irrisorios, y otros directamente nauseabundos.  Pero someter a esta gente al abandono o al linchamiento público a través de la televisión de forma sesgada, en lugar de intentar que las cosas cambien, es sencillo.  Y da dinero, para qué nos vamos a engañar.

Sé que mucha gente no está de acuerdo con esto que estoy contando.  He tenido discusiones bastante fuertes por defender esta posición.  Por alguna extraña razón que no alcanzo a entender, algunos parecen pensar que el movimiento obrero siempre estuvo formado por gente culta y sensible de modales y costumbres exquisitas, lo cual es una idealización bastante pueril.  No, los obreros no eran ni tenían una cultura como la que tenían Marx o Lenin.  Me cuesta horrores imaginarme una clase obrera así.  Entonces, ¿que lleva a la izquierda de hoy- aunque no sólo la izquierda, obviamente - a burlarse de gente así?  Mucho me temo, que la sensación de que pertenecemos a clases diferentes.  Estoy hablando de odio de clases.  Y la satisfacción que te da creer que no eres como ellos.  

Así que las discusiones sobre quién es de clase trabajadora hoy en día, me parecen bastante vacías, pues lo tengo claro.   Y también tengo claro que mi cultura no es la cultura cani (tampoco se puede trasplantar directamente a los chavs en los pokeros españoles).  Pero económicamente, soy uno más, pues vivo en su barrio.  En mi barrio.

Por eso, todo aquí está destrozado.  Porque divierte verlo, y divierte pensar que somos sucios, vagos y parásitos.  Clasismo.