sábado, 9 de noviembre de 2013

El Partido de los Trabajadores.

Un partido político conservador dice a los votantes que ellos son el partido de los trabajadores.  Los votantes de dicho partido más radicalizados, no son especialmente receptivos a este mensaje, pero sí lo son a otros que vienen del mismo lado: conspiracionismo alrededor de un terrible atentado terrorista, lucha contra el aborto, lucha contra la "ideología de género", contra todo lo que huela a izquierda y, ante todo y sobre todo, contra los impuestos.

Cuando el partido conservador llega al poder, intenta limitar el derecho al aborto, apoya a los trabajadores reduciendo considerablemente sus derechos y reduciendo impuestos a las empresas, lo que conlleva un empeoramiento de las condiciones laborales sí o sí.  Como respuesta, los votantes de clase trabajadora del partido conservador piden más de lo mismo, agrandando más la brecha entre los de arriba y los de abajo, entendiendo que si su situación empeora es debido a que las medidas tomadas no han sido lo suficientemente profundas y a la inmoralidad reinante en forma de derechos LGTB, aborto y laicismo. 

Mientras tanto, los jefes del partido, fomentan entre los de abajo la sensación de que la izquierda quiere, efectivamente, cambiar sus valores morales.  Es una estrategia para que nadie se fije mucho en el progresivo deterioro que indudablemente están sufriendo sus condiciones económicas y laborales.  Al mismo tiempo, el principal partido de presunta izquierda, procura también ser tibio o bien omitir cuaquier alusión al Coco: la lucha de clases

Así, nos encontramos a un buen número de votantes de clase obrera sin conciencia de clase que ejerce la lucha de clases sin saber que eso existe, con, entre otras cosas, sus votos para la destrucción de sus derechos.  Resulta familiar, ¿verdad?

Un panorama tan familiar es el que describe Thomas Frank en su libro ¿Qué pasa con Kansas? Cómo los ultraconservadores conquistaron el corazón de Estados Unidos.


Kansas es el lugar donde comenzó la revuelta populista ultraconservadora en Estados Unidos.  Es el lugar donde el doctor Tiller - de quien ya hablé aquí - fue asesinado por practicar abortos. Es el delirante lugar donde activistas pro-fetos se arrojan a la carretera delante de vehículos en marcha como forma de protesta. También es el lugar donde unas pocas empresas se han quedado con el negocio de la agricultura y la ganadería gracias a las medidas tomadas desde arriba propiciadas por los votos de trabajadores que ayudan activamente a su propia destrucción y donde las condiciones laborales de quienes trabajan en dichas empresas son estremecedoramente parecidas a las de China. 

Salvando las distancias, no pude evitar pensar en el Partido Popular y sus fanboys españoles mientras leía el libro.  Constantemente me venían a la cabeza aquellas palabras de Cospedal sobre que el Partido Popular es el partido de los trabajadores.  La ausencia de conciencia de clase propiciada desde los partidos mayoritarios - ambos - es algo que también ocurre aquí.  Es poco probable que en España veamos a un diputado evangélico del Partido Popular entrando en trance ante las cámaras de televisión y hablando en lenguas muertas - sí, esto ocurre en Kansas, amigos -, pero la estrategia es más o menos la misma: te estamos jodiendo, pero es por tu bien.

Es difícil hacer entender que algo así está ocurriendo.  En la empresa donde trabajo, nadie quiere oir hablar de la clase obrera.  Todos parecen haber asimilado el exitoso discurso de las clases medias, a pesar de que muy pocos en la plantilla superan los 1000 euros mensuales de sueldo.  Esa diferencia, la de los mil euros, es la que lleva directamente a que muchos piensen que, efectivamente, pertenecen a otra clase social, pues la clase obrera ha pasado a la historia, y tan sólo queda el reducto de vagos ingobernables que están en el paro y venden jachís en los barrios deprimidos.  Eliminar los conceptos de clase obrera y lucha de clases, es el objetivo.  Ellos no son nosotros, ¿verdad?

En la actual crisis económica, el Partido Popular, está calcando a la europea - intentando aparentar otra cosa - lo que Thomas Frank relata en su libro sobre Kansas: destrozar la educación pública, apoyar activamente una creencia religiosa - allí, las miles de sectas evangélicas - intentar limitar el aborto y señalar a feministas, izquierdistas, sindicatos y demás gentes de mal vivir, como EL problema. En realidad, muy probablemente ni ellos mismos comparten el rechazo al aborto de la Iglesia y estas cosas, y en cualquier caso ellos seguirán abortando poniendo dinero, a los ricos esto no les afecta.  Mientras, el principal partido de la oposición lleva décadas dormido en los laureles y asimilando el discurso neoliberal, aunque, afortunadamente, aquí existen otros partidos políticos con posibilidades de, al menos, servir de contrapeso. 

Aunque en España, la realidad es que la mayoría de los cachorros de HazteOír - el equivalente a los ultraconservadores antiabortistas norteamericanos - no parecen pertenecer a la chusma ni de lejos, el mensaje vendido desde arriba en las filas conservadoras es muy parecido.  Y las consecuencias, son las mismas: ricos cada vez más ricos, clases trabajadoras cada vez más despojadas de sus derechos y con la sensación de estar por encima de algo, lo que no es otra cosa que división entre sus filas. 

Pero tú tranquilo, eres de clase media, no un cani cualquiera.