domingo, 10 de noviembre de 2013

La jet set pobre.

Hace algunos años, unos amigos dieron uno de tantos conciertos con su grupo punk en un garito de Alcalá de Henares.  El cartel incluía a otros dos o tres grupos, bandas de rudo hardcore muy macho. No recuerdo muy bien el concierto en sí, cosas del alcohol.

Lo que sí recuerdo, más que nada por habérmelo contado muchas veces el guitarrista del grupo, es una actitud clasista despreciable entre algunos de los miembros de los otras bandas.  Cuando mi amigo llegó al garito, con una camiseta o sudadera de su pueblo de Extremadura y la guitarra eléctrica a la espalda, uno de los integrantes de otra banda miró su estampa de arriba a abajo, un barrido, y sus palabras fueron: "¿Y éste?".  No sabía que un poco más tarde compartiría escenario con mi amigo.

Entre los grupos underground, la ropa alternativa se llevaba - y se lleva - mucho.  Y sí, es una ropa alternativa, concretamente alternativa a la ropa barata.  Uno de aquellos pijo-cores podía llevar más dinero puesto en el cuerpo que yo en mi cuenta corriente hoy. 


Me repelía profundamente aquel postureo ridículo de tipo duro de Fuencarral.  La música "alternativa" y su endogámico mundillo no son ajenos al capitalismo.  Por eso, un grupo como Leño, que vendía mucho y llenaba conciertos hasta la bandera, siempre me pareció mucho más auténtico y sincero.   Además, sus letras, que retrataban una realidad, son mucho más cercanas a los intereses y sensibilidades de las clases trabajadoras, sin pretender dar lecciones.  Podría decir que la actitud de aquel tipo, está retratada por Leño en la canción El Oportunista.


Hoy, existen grupos combativos, pero no están en las listas de las radios comerciales, ni se les hacen reportajes en El País.  Además, ya  no existen Barón Rojo, Burning o Leño.  Su recuerdo ha sido borrado del mapa por aquel invento de la Movida madrileña, a la que se homenajea constantemente en todos los medios e incluso desde las instituciones del Estado.  Gran ganga, ya sabes, algo digno de pasar a la historia cultural de España.


El clasismo al que aludo más arriba, es algo muy extendido entre los mal llamados alternativos.  Mirar con desprecio al otro por no ser como tú es habitual.  Es algo que he relatado últimamente mucho en este blog. Un alternativo que cree estar descubriendo una pólvora que lleva décadas descubierta, por no decir casi un siglo, sólo se fija en el continente, no en el contenido.


Andy y Lucas es un dúo que me produce una mezcla de terror e hiperglucemia.  Prefiero que me arranquen las orejas y me claven destornilladores al rojo vivo en el cerebro que aguantar una sola de sus canciones.  Además, alguien debería decirles - aunque no sé si ya se han separado - que deberían llamarse Lucas y Andy.  Sus letras están impregnadas de un delirante romanticismo y de un conservadurismo paleto, acompañadas por una música mil veces escuchada y aborrecida.  Tienen miles de fans por toda España.  En las insoportables fiestas de Alcalá de Henares, tocaron el último verano ante un auditorio a buen seguro histérico.  Por mucho que joda la comparación, el pijismo alternativo, los tipos duros del hardcore, que creen ser los únicos reivindicando según qué cosas, están a años luz de la crudeza de esas calles que tanto les gusta retratar y a las que son ajenos.  Lucas y Andy no son muy aternativos que digamos, pero probablemente están o han estado cerca de las clases más humildes:

Y sé de amigos que se marcharon de él por culpa del trabajo
Y si a alguna mujer me llevara de él sería porque la amaría tanto
Y tanto
Oye hermano (Que)
Que mi barrio es callejero
Pero bueno, ¿y qué?
Que no sobran los dineros
Pero bueno, ¿y qué?
Pero dime, si
Pero dime, no
No hay compasión
Oye, hermano, no dejes que nos coman los gusanos
Que hay gusanos que van de corbata
Mejor dicho: esos nos roban, no nos matan
Oye, hermano, que aunque las penas nos ahoguen,
Tú a mi no me llores,
que pa´ esos ratitos malos
Escucha un poquito de... Camarón, Camarón
Niñas que pasean por sus calles
Niñas que alegran la vista, ay, con sus andares
Gente obrera luchando
Pa´ que a sus hijos no le falte la comida encima un plato
Y sé de amigos que se marcharon de él por culpa del trabajo
Y si a alguna mujer me llevara de él sería porque la amaría tanto
Y tanto...
Quillo, échale un cable a mi gente
Pero vale, no me digas lo que vale, lo que siento
Que se van muriendo mis hermanos, y eso lo siento
Dile lo que quieras de tu boca,
Pero cumple las promesas que dijiste, pero bueno
Porque Pinocho sólo hay uno, y ese está en los cuentos
Oye, hermano, cuéntame tus penas como hermano
Que no quiero verte triste, que más vale morir de pie
Que vivir siempre arrodillado
Niñas que pasean por sus calles
Niñas que alegran la vista, ay, con sus andares
Gente obrera luchando
Pa´ que a su gente no le falte la comida encima un plato
Y sé de amigos que se marcharon de él por culpa del trabajo
Y si alguna mujer me llevara de él sería porque la amaría tanto
Y tanto...
   
La canción se llama Mi Barrio.  Si prescindimos del insultante machimonguerismo (algo a lo que no es ajena ninguna música), tenemos algo así como una reivindicación orgullosa de la clase obrera.  No es una gran letra, ni de lejos, pero me fijo en parte del mensaje.  Bien, esto es despreciado por los que deciden qué hay que escuchar en las cadenas de radio tanto como por quienes desprecian a esos que deciden qué hay que escuchar en las cadenas de radio.  Además del desprecio por el tipo de música, se esconde en esa actitud un desprecio de clase.  Más o menos el mismo que hace que la Comunidad de Madrid pague homenajes a la Movida pero no a las docenas de bandas de rock barriobajero que pulularon por la capital justo en la misma época.

Ni que decir tiene que, en esos chicos y chicas que escuchan al insoportable dúo Lucas y Andy, hay esa gente a la que la izquierda debería acercarse, con la que, al menos en teoría, debería compartir algunas inquietudes.  Es esa masa de clase trabajadora que no acudirá nunca a ver a Coldplay. Locuras mías, imagino.

Esto que cuento, afortunadamente, lo cuentan Lendakaris Muertos con una capacidad de síntesis admirable, que no todo lo que atañe a la clase obrera va a venir de la mano de un dúo musical a todas luces insufrible.  Es muy duro ser de la jet set pobre, vaya.