jueves, 14 de noviembre de 2013

Son House, un músico cristiano.

Hay gente que me pregunta cómo es posible que un ateo comeniños escuche canciones que tengan algo que ver con la religión, cuando lo normal es que los ateos estemos quemando iglesias y sacrificando vírgenes a nuestro dios Satanás.

Muchos de mis músicos favoritos son o eran creyentes.  El gran bluesman Son House, por ejemplo, no sólo era un creyentazo, es que la ilusión de su vida era construir una iglesia.  De joven, House pensaba que tocar blues era un pecado: "Siempre me ponía furioso cuando veía a un hombre con una guitarra tocando blues y esas cosas".

En sus actuaciones, solía decirle al público que debían elegir entre Dios y el diablo.  También aseguró haber tenido una especie de epifanía en un campo de alfalfa, que le hizo caer de rodillas y ponerse a rezar, y acto seguido recorrer tres kilómetros a pie para despertar a su jefe, un hombre blanco, al que le dijo "Sal de la cama y escucha lo que voy a decirte, ¡pensó que me había vuelto loco!".  A veces parecía indiferente hacia su música, y aseguraba que lo que realmente le habría gustado hacer es construir una iglesia.

En cualquier caso, los músicos de blues de su época llevaban existencias difíciles.  House cuenta en su vida con un oscuro episodio relacionado con el asesinato de un hombre.  Aunque parezca extraño, su religiosidad y su parte más oscura, parecían entrar en perfecta unión en sus actuaciones.  Son House tocaba en directo con una intensidad apabullante, proyectando su voz hasta el final de la sala, y parecía realmente estar en trance mientras tocaba la guitarra y cantaba.

Así, podemos encontrar canciones como Preachin' the Blues, cuya letra es bastante divertida, al menos para un servidor.

Yes, I'm gonna get me religion
I'm gonna join the Baptist Church
Yes, I'm gonna get me religion
I'm gonna join the Baptist Church
You know I wanna be a Baptist preacher
Just so I won't have to work

Aquí una interpretación del tema:

No puedo evitar sentirme atraído por su música y su figura.  Incluso cuando se trata de una canción abiertamente religiosa, cierro los ojos y escucho atentamente, dejándome llevar.  Como me pasa con John the Revelator.  Escuchadla y decidme que no es absolutamente impresionante esta interpretación del tema, también en directo:



Estos son dos ejemplos del extraordinario talento de Son House, y de sus contradiciones más íntimas.  

A una persona atea que escucha viking metal nadie le pregunta si cree en Thor, o si esa música es compatible con su ateísmo. Si algo es bello, si me gusta, no le hago ascos.  Luego sigo con mis rituales satánicos habituales y ya está.