lunes, 2 de diciembre de 2013

Testigo de la vergüenza.



Angelic Upstars es una banda punk nacida en 1977 en South Sields, Inglaterra.  Su sonido punk-rock y Oi! acompañaba letras antifascistas que apelaban a la solidaridad y el orgullo de clase obrera.  En los años ochenta, hicieron un concierto para reunir dinero con el que ayudar a los mineros en huelga por las políticas extremistas de Margaret Thatcher.  La huelga duró un año, así que había que contribuir de alguna manera.

De aquella actuación de Angelic Upstars, ha quedado, al menos, un momento para la posteridad.  Si te gusta el punk, posiblemente has visto la foto miles de veces:



Yo la vi ayer gracias a la invitación de una amiga, en el Reina Sofía, en la exposición dedicada a Chris Killip, el hombre que fotografió este y otros momentos muy duros de la era Thatcher.  Duros para los trabajadores, se entiende, pero de orgasmos liberales para la Dama de Hierro.

Lo que tantas veces he visto en el cine de Ken Loach, no es una exageración.  Resulta difícil explicar con palabras la miseria y el sufrimiento que causó Margaret Thatcher, miseria y sufrimientos eclipsados en la Historia gracias al patrioterismo del asunto de las Malvinas.
Chris Killip

En una de las salas, proyectan una entrevista con el fotógrafo.  En la actualidad da clases en Harvard.  Se define orgullosamente como socialista, un hombre de izquierdas.  Cuando le preguntan si es muy diferente lo que fotografió en Tyne and Wear ( Angelic Upstars son de allí, por lo que vivieron aquel turbulento año con intensidad ), dice que sí, y que para sacar fotos parecidas, debería abandonar Harvard e irse a Detroit.
Recogiendo carbon tirado al agua para subsistir.

No hace muchos días vi carteles de conciertos punks en solidaridad con la huelga de barrenderos de Madrid, para la caja de resistencia.  Pero no suelo verlo mucho.

Demasiadas veces, el punk hoy es un postureo de tatuajes y gafapastas con ropa skater bastante alejados de lo que fue el punk de bandas como Angelic Upstars.  Una vez que el sistema ha absorbido la rebeldía, nos la devuelve mejor vestida y diseñada.

En fin.  Las fotografías impresionan: gente recogiendo carbón sobrante del mar para poder venderlo, niños sucios y descalzos, futuros chavs, criados en la miseria más absoluta, jóvenes esnifando pegamento, casas abandonadas un año y derruidas dos años después, y la sensación de que en aquel conflicto minero con la muy fanática y terriblemente dañina Margaret Thatcher, esa a la que el Partido Popular homenajeó a su muerte, hemos salido perdiendo todos los trabajadores.  Es muy fácil admirar a alguien tan nefasto como ella cuando tienes dinero y no hay un gobierno intentando a toda costa evitar que lo tengas.  Pero es moralmente repugnante hacerlo.  Margaret Thatcher destrozó las vidas de miles de personas que se la ganaban trabajando duramente.

Merece la pena ver la exposición, muy recomendable.  Si tienes sangre en las venas, claro.  No es apta para mentes equidistantes.