domingo, 16 de febrero de 2014

Seres de luz.

Tiene el budismo cinco preceptos morales, lo que se conoce como Pancha Shila, y que son: 

1. No matar o dañar a ningún ser vivo.
2. No robar o tomar aquello que no nos corresponde.
3. No practicar una sexualidad irresponsable, lo que en el caso de los monjes y monjas implica el celibato.
4. No mentir o hablar inapropiadamente.
5. No consumir alcohol o drogas que puedan disminuir la claridad de la conciencia.

De los que, al parecer, se derivan estos:

6. Una comida ligera al día, antes del mediodía.
7. Evitar los entretenimientos frívolos.
8. Evitar la coquetería.
9. El uso de un lecho y asiento sencillos.
10. Evitar el manejo de dinero.

Esto contrasta visiblemente con las vidas y actitudes y acciones de algunos monjes budistas.

Ni que decir tiene que he incumplido el Pancha Shila tantas veces que es poco probable que alcance el Nirvana.  Soy un ser impuro.

Desconfío por naturaleza de quienes se presentan como seres puros.  Seres de luz los hay en todas partes, y pretender ser puro, sea lo que sea eso, hace ver a quienes no lo son abiertamente como personas a las que señalar constantemente por su impureza.  Hace unos días tuve un delirante altercado en Twitter al decir algo así como que Gallardón se metiera su ley contra el aborto por el culo.  Casi inmediatamente alguien señaló mi profunda analfobia, o culofobia, u odio al sexo anal, del que se deriva una homofobia latente, inconsciente, pero que está ahí con todo su odio.  

Las "teorías" psicoanalíticas las considero una estafa dañina, y de mi tuit podría desprenderse que quiero que se meta la ley contra el aborto con el resto de su mierda, que es lo que es su ley al fin y al cabo.  En ningún momento pensé en sexo, más que nada debido a que Gallardón es el antierotismo hecho persona, y desde luego quien señaló mi "homofobia" no sabe si me gusta el sexo anal, pues jamás nos hemos acostado juntos y nunca hice declaración pública al respecto.

Se me señaló que debía poner cuidado en lo que decía, prescindiendo en todo momento de lo que realmente quise decir.  Y aquí es donde quiero llegar:  muchas veces se pone demasiado énfasis en cómo se dicen las cosas, y no así en qué se está diciendo.

Ejercer de policías en tuiter es cosa fácil, todo el día con una lupa mirando a ver qué dice otro y qué deja de decir, valorando sus silencios, y lo que no dice y cómo dice lo que dice.  Si condenas determinada violencia, algunos te señalarán que no has condenado otra, algo así como cuando acusaron a los Bardem de no decir nada contra ETA cuando dijeron "No a la guerra".  Es lo que llamo el síndrome Paracuellos.  Y sinceramente, me cansa y me irrita a partes iguales.

Me cansa porque ya he vivido episodios desagradables en Twitter por esto.  Me cansa porque no soy un ser de luz, un iluminado, un ser puro que carece de un pasado - y vaya si lo tengo - del que avergonzarse, y me cansa porque me imagino que en la vida real, por así decir, nadie entra a debatir esto, y suele quedarse en internet.  Lo más probable es que en la red social recibas un bloqueo, un "ya no te ajunto, que no piensas exactamente como pienso yo", y se elude en todo momento el debate.  Se elude el debate porque es un hecho que uno es homófobo latente y que merece una reprimenda y un chorreo de unfollows derivado de algo notoriamente ridículo.  Simplemente se busca que el otro te de la razón sí o sí. Que admita que, efectivamente, es un homófobo.