sábado, 1 de marzo de 2014

Vecinas.

En mi barrio hay chonis.  Hay mujeres cuya única constante en la vida es la ignorancia.  Mujeres que no saben de Twitter, ni de manifestaciones en Madrid.

Mujeres que llaman a sus hijos a gritos por la ventana para que vuelvan a casa a cenar.  Muchas en paro, otras amas de casa, casi todas pobres.  Esto es una especie de mundo al margen, donde las manifestaciones en Madrid se ven en las noticias, y son tan cercanas como las manifestaciones en Ucrania o en cualquier otro rincón del planeta.  Sufren los estragos de la crisis que vivimos, aunque en realidad aquí la crisis no es una crisis, es el estado habitual en el que vive mucha gente desde hace lustros.

Si vas a Cáritas, en el barrio, puedes ver muchas de estas mujeres, jóvenes chonis y madres avejentadas, sacando un carro de la compra con comida que probablemente no cubra todas sus necesidades. 

Hay vecinas que han soportado el maltrato de sus maridos, de sus hijos, y hoy de sus nietos.  Varias generaciones de maltrato, caras de sufrimiento, muecas que se quedaron ahí el día en el que sus maridos decidieron darles la primera hostia.  Vecinas viejas, mujeres que han sufrido lo indecible, no cuentan.  No contarían en la lucha de algunas.  No son cool, son horteras, chillonas, casi no saben escribir, no saben qué coño es un Starbucks ni salen por Fuencarral.  No son de la jet set pobre, ni llevan tatuajes.  No saben qué cojones es Twitter.  No conocen tu círculo endogámico, ni se acercarían jamás a un sitio que las rechaza implícitamente.  Posiblemente no sean tan chillonas ni tan horteras, pero no son como tú, que es lo que causa rechazo.

También hay vecinas que lucharon mucho.  Mi madre luchó en su época, con el PCE, y hoy sólo sus hijos nos acordamos de ella, que al fin y al cabo no tuvo ningún interés en ser popular, y sí en pelear por lo que creía justo, y quizá nunca podría haber comprendido lo que ocurre hoy.  Si viviera, tendría más de 45 años, así que no encontraría su lugar en las luchas.

No es que desprecien lo que haces.  Es que lo ignoran, porque no viven tu realidad.  Es que nadie se ha acercado a explicarles nada, porque son vulgares, cutres, chillonas.  O quizá no, quizá es que Hermano Mayor, Callejeros y Aída hacen mella en ti.

Igual es que no hay nada que explicar.  Ya es tarde para ellas, y son un estorbo.  Incluso las chonis más jóvenes lo son. 

El otro día, en el Cercanías, pasé por la estación de Villaverde.  Me chocó mucho ver a casi todo el mundo fumando.  No se debe fumar ahí.  Sentí que acababa de atravesar una frontera infranqueable.  Unas chonis saludaron en el vagón a unos lolailos de su barrio, y en medio estaba yo con un amigo, y mira, puedo decir que me sentí cómodo entre ellas y ellos, y bastante triste cuando reflexioné más tarde sobre todo esto que te cuento.  Hay un muro entre ellas y vosotras. Y sí, para ellas la ley de Gallardón es un problema mucho más grave que para otras.

Si les cuentas tus preocupaciones sobre la presión social para que lleves tacones, te mirarán como si acabaras de bajar en un platillo volante, en serio.  Están en otra dimensión, más sucia, más real, más pobre.  Más en el paro y más todo lo peor.  Pero tú a lo tuyo.