martes, 13 de mayo de 2014

Nosotros, la clase media.

Debería haberlo sabido.

Los años de despidos, encierros, huelgas indefinidas, números rojos, clandestinidad, aunque a estos últimos yo no llegué. Acompañar a mi padre a la sede del Partido, acompañar a mis padres a un mitin, ver a Dolores Ibárruri bajando del quiosco de la Plaza de Cervantes y mi madre conmigo en brazos acercándose a ella, que me pareció tan terriblemente mayor y tan incomprensiblemente entera.

Hubo malos años, años de comer patatas casi a diario, y días de llevar tortilla de patatas a los amigos de mi padre que se encerraron en Ibelsa – Zanussi – para no ser despedidos  en los 80, años de heroína y despidos.

Hubo noches en las que un hermano mayor me metió miedo al no ver a mi madre en casa a una hora razonable.

- Ha ido a la manifestación con la tía y las han detenido.

Mucha gente cree que esto en aquellos años ya no ocurría, lo de pasarlas canutas para comer. Que no había hambre, pero había un estrecho cerco a nuestro alrededor, cuéntaselo a algunos, en estos tiempos de individualismo sin sentido donde lo único que importa es salvar tu propio culo.

Gracias al sindicato, pudieron escolarizarme. En un local del Paseo de los Curas, mi padre y los suyos pusieron una escuela, y fue allí donde aprendí a leer. Allí también podían comprarnos los regalos de reyes en diciembre, a precios más reducidos que en los comercios. Allí tuve la mejor profesora que uno podría tener, que era jipi y siempre sonreía, Charo, de la que no he vuelto a saber nada en toda mi vida, y es poco probable que yo la reconociera hoy a ella, no digamos ella a mí, que parece que acabo de salir de Juego de Tronos.

Luego, cuando construyeron un colegio en el barrio, me cambiaron de centro. En 3º o 4º de EGB, la profesora Dolores repetía mucho eso de “nosotros la clase media”. Y lo di por hecho, aunque no entendía qué nos estaba diciendo exactamente ni a qué venía.

Ocurrió durante una cena en casa, con la televisión encendida.  Hablaban del paro.  Mi padre despotricaba contra Felipe González, y entonces lo dije:

- Nosotros somos de clase media.

Es difícil entender lo que sentí cuando las miradas de tres hermanos, mi padre y mi madre, se posaron en mí y el silencio incómodo que se estableció en la mesa, y el momento que pasé sin tragar la croqueta, mirando sin comprender.

- Una mierda vamos a ser nosotros de clase media. Nosotros somos de clase obrera - dijo mi hermano mayor.

Y así se me quitó la tontería y descubrí que no existíamos más que para nosotros mismos.