viernes, 14 de noviembre de 2014

Mi viejo, el del PCE

Aún no había muerto Franco.

Él fue uno más de los que tumbaron el Sindicato Vertical del gobierno en la zona.

Cuando cierto futuro ministro del PSOE era inspector de trabajo durante el franquismo, mi viejo y los suyos intentaron contactar con él, y para ello estuvieron rondando su despacho varios días, hasta que finalmente accedió a hablar con ellos. El objetivo era convencer al hombre - no a sus tres secretarias - , para que acudiera a Roca a observar las condiciones laborales que allí había, que eran durísimas. El apoyo fue denegado. 

Cuenta mi viejo que en cierta ocasión, el famoso Billy el Niño, el matón que fue segundo al mando de la tristemente famosa Brigada Político-social, no le cazó por poco. Aunque no está seguro de que la persecución viniera de él, todos los camaradas sabían quién era y a qué se dedicaba, por lo que la inquietud les llevó a pensar eso. Una reunión clandestina en la Pista Florida de Alcalá, al fondo del Parque O´Donell, en la que más de 2000 personas, entre trabajadores y sus familias, intentaban organizarse para plantar cara a Roca, fabricante de retretes y otros artículos indispensables en occidente, terminó con una colecta de 300000 pesetas que iban destinadas a la caja de resistencia para la huelga. Como los malos no se atrevían a meterse en la pista, las calles aledañas eran el lugar donde acechaban los torturadores a los obreros incautos que salían de allí, y mi viejo y los suyos huyeron a sus casas con la policía comiéndoles el culo.

Fueron años de reuniones clandestinas en los alrededores del río Torote, o en cualquier lugar en medio del monte, al que acudían incluso alquilando un autobús como si fuera una excursión, con las familias a cuestas. Se ponían vigilantes para dar el chivatazo si aparecía la Guardia Civil, y cuando llegaba, sólo veían familias de bien jugando con sus niños o tonteando con sus parejas cada uno por su lado.

Muchos fueron los detenidos, y en alguna ocasión hubo que pagar una multa gubernamental de hasta un millón de pesetas para sacar a algún camarada del calabozo, una verdadera fortuna en aquellos tiempos oscuros, pero para eso estaba la caja de resistencia escondida en casa, o en casa de algún camarada del viejo. Aquellas huelgas tremendas terminaron con detenidos y delegados sindicales despedidos. Todos ellos tuvieron que ser readmitidos cuando se ganó el juicio, mi padre fue uno de ellos.

Cuenta el viejo que cuando Roca paraba, paraban la Perlofil, Cointra, Ibelsa, Pegaso, CASA, Fiesta y todas las empresas del Corredor del Henares y alrededores en solidaridad, y Roca hacía lo mismo, obviamente. En palabras de mi viejo, a los empresarios "los teníamos acojonados".  Años más tarde, yo mismo vi, de crío, que los trabajadores de ZUL, empresa de lácteos de Alcalá de Henares ya desaparecida, suministraba sus productos totalmente gratis a los trabajadores de Ibelsa (Zanussi) encerrados en la fábrica, al otro lado de la valla. Varios hombres sacaron cajas de yogures y leche para los trabajadores y sus familias ante mis ojos. Yo estaba allí porque mi padre y mi madre habían ido a ver a un amigo que participaba en las movilizaciones.

Cuando, mucho después de las huelgas de Roca, siendo yo un niño, mi padre vino a la escuela donde aprendí a leer y escribir, fundada por Comisiones Obreras, una mujer con gafas enormes salió de los despachos superiores y gritó desde allí:

- ¿Ha venido Matías el roquero?

Mi viejo, el roquero.

Aquellos roqueros y sus camaradas no tenían nada que perder, y hoy son vistos como algo a despreciar u olvidar, una lacra que nos ha traído el Estado putrefacto que vivimos hoy. Mi viejo cuenta estas historias con los ojos tristes, lamentando nuestra desunión, y quizá, sintiendo que los de su generación no han hecho otra cosa que verse traicionados primero, y escupidos y despreciados posteriormente. Posteriormente quiere decir hoy.