martes, 9 de diciembre de 2014

Los patos

El Pato era conocido por ese nombre debido a que se había hecho tatuar un pato en el pescuezo. Era un pato feo, apenas una silueta de trazo grueso, un dibujo infantil que recordaba la silueta de un pato, más bien. Tiempo después de tatuarse conoció a la Pata y se hicieron inseparables.

Caminaban por el barrio sonriendo, con esas extrañas sonrisas de quienes saben que se están difuminando, y entre los dos apenas juntaban media dentadura. A veces me los encontraba sentados en el escalón de mi portal, pegados al rincón y apretados entre ellos, intentando sobrellevar el frío en invierno y esperando a que uno de mis vecinos, que era familia del Pato, les bajara algo de comer, o algún dinero, o tabaco, o nada, o idos a tomar por culo.

Iban sucios y olían mal. Los dos fueron alguna vez rubios, él con una ingobernable mata de pelo duro, ella con un moño que parecía estirarle la cara y le daba el aspecto de una de las gemelas Snow, no sé si Pip o Zip, del Freaks de Tod Browning. No era extraño verla dormida con la cabeza apoyada en el pecho de él, mientras él la rodeaba con toda la fuerza que le permitían los dos palillos agujereados que tenía por brazos. Algunos vecinos les decían que se largaran de allí, algunos no nos atrevíamos a decir nada, no fuera a despertarse la chica en un mundo de pesadillas reales. 

Poco a poco, el Pato se iba encogiendo y supongo que murió, pues nunca más volvimos a ver su pequeña y escuálida figura. Ella empezó a andar sola por el barrio, con los ojos muy abiertos, la mirada fija, perdida en algún punto inexistente, o bien con la cabeza gacha, o bien parecía que se iba a poner a llorar, pero en algún momento de la larga historia de su adicción se había dejado las lágrimas olvidadas dentro.

Apenas era una persona ya, pues para serlo alguien te debe tratar como tal, y quien lo hacía ya no estaba. Se le fueron hundiendo los ojos y las mejillas, y envejeció aún más si cabe, apenas una momia diminuta con una mochila al hombro que de vez en cuando comía caliente cuando era detenida por la policía por intentar mangar en un supermercado. Supongo que murió, y que fue de esas muertes del barrio que no sabes si fue por las drogas o por la soledad. Como si hubiera alguna diferencia.