lunes, 23 de marzo de 2015

Apellidos de la pobreza.

En el barrio siempre ha habido pobreza. Se hacía patente, entre otras muchas formas,  cada vez que un piso volaba por los aires por la mala utilización de una bombona de butano, y aquello era un festival de cotillas, de personas seriamente preocupadas, de bomberos y policías.

- Señora, hay que tener cuidado con el butano - decía un agente.

Y la señora, en bata, aturdida y con los ojos llorosos, asentía e intentaba permanecer en pie, destrozada por dentro más que su vivienda por fuera. Ser pobre cansa. A ninguno de los que vieron cómo sus salones o sus cocinas saltaban por los aires por un fogón mal apagado o una estufa catalítica fabricada en tiempos inmemoriales, se le había ocurrido nunca que su pobreza pudiera tener apellidos. Si no podías pagar la electricidad, o el gas, era poco probable que te sobrara la pasta. Si dejabas de pagar algo, era para poder pagar otra cosa más importante, mera subsistencia. Si pagas la luz o el gas, quizá hay que alargar la vida de los zapatos de los críos, o comer menos carne, o no salir nunca, o no coger el coche, o sacar punta a los lapiceros de los niños hasta que apenas midan unos centímetros. En cualquier caso, la pobreza estaba ahí, y no tener gas o luz era una forma de salir adelante. Hoy a esto lo llaman pobreza energética.

Existen múltiples pobrezas, parece ser: pobreza hídrica, si no tienes agua. Y si no tienes casa, necesitas una solución habitacional, vamos, lo que viene a ser una vivienda de toda la puta vida, pero en versión telediario. Imagínate, necesitar una solución habitacional para luego no poder pagar la luz y el agua y sufrir pobreza hídrica y energética, o dejar de pagar la solución habitacional para poder dejar de ser pobre hídrico y energético, o no pagar ninguna de estas cosas para no sufrir inseguridad alimentaria, y al no pagar la solución habitacional, ser finalmente pobre hídrico, alimentario, energético, pobre de abajo y pobre de arriba, y todas las formas de ser pobre que en realidad son una: pobre. Pobre-pobre. Y así no hay solución, ni habitacional ni ninguna otra.

La pobreza hoy es eso que avergüenza más que antes, que la gente estaba tan cansada que le daba igual que se le vieran las costuras. Pero sigue siendo la misma, aunque antes podías sentirte mejor señalando la pobreza de otros  y pensando que a ti no te iba a tocar. De ahí los apellidos de la pobreza.

No es aquí donde vas a encontrar una pobreza determinada. Siempre hemos sido campeones en pobreza en este barrio y en otros cientos de barrios del país, una pobreza de Campeonato Nacional de Pobreza Multidisciplinar, medalla de oro en todas sus provincias, campeones indiscutibles de la mugre y de lo que es mejor no querer ver, auténticos atletas de la miseria, equilibristas en el filo de la exclusión, los deportistas de a ver qué hay mañana jugando en el circuito nacional del extrarradio. Antes éramos la élite, hoy quizá puedan desbancarnos, o quizá igualar nuestros récords. Cosas de la crisis. 

Quizá lo entiendas si piensas que, de haber pobres con tantos apellidos, habrá ricos con los mismos. Riqueza hídrica, ya ves. Todo con tal de no admitir que existen pobres, más de los que creías, y que te puede tocar a ti.

sábado, 7 de marzo de 2015

Cosas del Primer Mundo

En aquellos años nos juntábamos en el parque para fumar y beber litronas los fines de semana antes de meternos en algún garito feo sucio y ruidoso. Una noche de viernes, dos chicos con indumentaria oficial de lo alternativo de aquellos entonces, uno de ellos, alto y delgado, cargando una mochila, se acercaron a nuestro banco. Nos entregaron un panfleto del montón que extrajeron de la mochila, apenas un folio doblado por la mitad, nos dieron las gracias y se largaron de allí a panfletear a otros.

El panfleto advertía: no comas en
McDonald's ¿Era por su mala calidad? ¿Por el bien de tu colesterol? No, nada más lejos de la realidad, en el más amplio sentido de la expresión.

Según el panfleto, alguien, un señor o una señora en Estados Unidos, había descubierto que la empresa de comida rápida no vendía carne de pollo o de vaca. En realidad, habían desarrollado una tecnología que les permitía criar miembros de pollos y vacas. Me explico: en una fotografía borrosa, como toda la fotocopia, se veía algo parecido a un muslo de pollo enchufado a unos cables. Las fotografías venían acompañadas por un texto horroroso lleno de tópicos que me interesaron menos. Me interesaban las fotos. Mostraban una tecnología como de película de James Whale, era todo bastante ridículo. Si no querían que matáramos animales para comer carne, ¿qué problema había con eso? Y si en realidad alguien estaba haciendo muslos de pollo sin el resto del cuerpo, ¿en serio había que tragarse que eso se conseguía enchufando lo que fuera a unos cables? ¿Habría en aquella fábrica algún sirviente parecido a Marty Feldman? Me imaginaba aquellos muslos de pollo palpitando con las sacudidas eléctricas, creciendo a gusto del consumidor: muslos de 100 gramos, de 500, muslos de un kilo y una tonelada de muslo de pollo. También habría pechuga, latiendo como un corazón delator. Un científico sin peinar con una bata roñosa sonreiría tras ellos.

Creo que esa fue la primera vez que fui consciente del miedo que siente parte de la izquierda a la tecnología. Aún no sabía nada sobre anarcoprimitivismo o neoludismo, pero ya me empezaba a chirriar toda esa gente. 

Había un tío que solía frecuentar el parque que llevaba una camiseta con la imagen del retrato robot de Ted Kaczynski, el terrorista anarcoprimitivista más conocido como Unabomber. Creo recordar que hasta existía una banda de hardcore llamada así. Kaczynski era un matemático con un cerebro privilegiado que con el tiempo se transformó en un gilipollas asesino. Digamos que atravesó la línea que separa el abrazar árboles del envío de cartas bomba. Las razones por las que se consideraba a un indeseable como él un héroe, siempre me chocaron, y más aún cuando veías a un tío con una camiseta con su presunta efigie que seguramente había sido impresa con tecnología. Hasta el propio Unabomber acudía a enviar sus paquetes bomba en bicicleta, y la bicicleta es tecnología. Por mucho que se fuera a vivir al bosque, como hizo, rodeado de mierda y harapos, quienes siguen las ideas de este señor tienen acceso a internet. Todo eso me sonaba terriblemente reaccionario. 

Cosas del Primer Mundo.

Timothy McVeigh, el racista de extrema derecha que perpetró el atentado contra el edificio federal Alfred P. Murrah en Oklahoma, donde murieron 168 personas, niños incluídos, era también un gilipollas. Cuando David Koresh y los suyos fueron asediados en Waco por el FBI, McVeigh intentó sin éxito acercarse al edificio de los davidianos. Las autoridades impidieron su paso, y se largó por donde vino.

En 1995, Ted Kaczynski fue detenido en su mugrienta cabaña gracias a un chivatazo de su propia familia. Fue internado en la prisión de máxima seguridad de Colorado, y dos años después, compartió bloque de celdas con Timothy McVeigh y algún otro gilipollas. Al parecer, la conducta de Kaczynski entre rejas siempre ha sido bastante antisocial, lo cual suele ser común entre iluminados salvadores del planeta, que no ven con buenos ojos eso de que les metan en el mismo sitio con la chusma miserable y mundana que pretende liberar. Aunque Unabomber no es un racista, al parecer se llevaba bastante bien con McVeigh. Y esto es lo realmente reseñable: se llevaban bien debido a que ambos eran profundamente reaccionarios. El asesino McVeigh recibió la inyección letal a la que había sido condenado el 11 de junio de 2001. Kaczynski sigue entre rejas.

Reaccionaria es la oposición a la tecnología y a la ciencia, y reaccionario es el racismo y la xenofobia, así que los dos tenían mucho más en común de lo que al tío aquel de la camiseta de Unabomber le gustaría creer. Como aquellas personas preocupadísimas por comer sano que los fines de semana esnifan cocaína, fuman porros y se beben cuarenta cubatas, pero se preocupan mucho de que su papel de fumar no contenga transgénicos.

Una vez comí en
McDonald's, y pedí una hamburguesa de pollo. 

Daría mi vida por volver a encontrar ese panfleto.